Austera recordación del Día Patrio en el Palacio

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En 209 años de vida independiente, muy pocas veces en el Paraguay se recordó con tanta austeridad el día de la liberación nacional de la corona española como en el presente año. Los actos de hoy, concentrados en el Palacio de López, se redujeron a lo más necesario. El presidente de la república participó del tradicional Te Deum a través de la televisión.

Las fiestas patrias, como se conoce a las de los días 14 y 15 de mayo, carecieron esta vez de los tradicionales desfiles estudiantiles y militares, la ciudad de mostró vacía sin los protagonistas de las marchas en recordación de los héroes que liberaron a la patria aquella noche del 14 de mayo de 1811 cuando unos jóvenes militares exigieron la entrega del poder al entonces gobernador español en Paraguay, Bernardo de Velazco.

Sólo, con Dios, a través de la televisión. El presidente participando del Te Deum transmitido desde la Catedral.

El Palacio de López también sintió el peso de la cuarentena. El presidente Mario Abdo Benitez estuvo presente en su despacho a tempranas horas, los ayudantes también. Se sumaron el Vicepresidente de la República, algunos ministros, militares y no muchos invitados.

La mañana se llamó a la reserva, al sigilo, al reposo roto de vez en vez por la trompeta del militar de guardia, por los gorriones anidados en los aleros de la casa grande y por el ruido de algún vehículo cuyo sistema de escape ya debiera repararse.

Aquellas pompas oficiales desde el Palacio hasta la Catedral Metropolitana que demandaban incluso la marcha de la caballería de los acacarayaes, del automóvil blanco descapotable para el traslado del presidente hasta el dorado e histórico templo, los invitados especiales con endomingados atuendos ocupando los bancos del templo también quedaron para cuando la pandemia se haya marchado.

El presidente tomó asiento en el estar de su despacho ante el televisor, “asistiendo” de este modo a la misa cantada en gratitud a Dios por la libertad que trajo la paz y la justicia a la nación paraguaya.

Se persignó, expuso su humildad ante el Santísimo Sacramento, siseó como todos el Padre Nuestro y el Dios te Salve, pronunció como todos las formalidades del culto “y con tu espíritu”, “lo tenemos levantado hacia el Señor”, “es justo y necesario”, como acostumbran a responder todos los feligreses católicos en todo ritual cristiano.

Cuando terminó la ceremonia, de nuevo el silencio en la Casa de gobierno, roto por un par de llamadas telefónicas, una orden presidencial al ayudante militar y otra al civil.

Se dan los primeros saludos y las mutuas felicitaciones por el día patrio y a la consabida pregunta del primer mandatario de “qué novedad tenemos”, los secretarios de Estado informaron sintéticamente las de sus áreas mientras aguardaban el momento de iniciar el siguiente trascendental acto oficial: el izamiento de la bandera y la entonación del Himno Nacional.

El acto siguiente se dió ante el mástil de 40 metros de alto colocado en el jardín de la casa de gobierno en 1995 durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy.

La banda hizo escuchar los primeros sones del canto a la patria ante los pocos asistentes que luego, acompañaron al presidente hasta el originario frontis del Palacio, hacia la bahía, para saludar, desde lejos, a los ocupantes de la cañonera surta en la ensenada del argento y quieto Paraguay.

Fue todo el acto por el Día de la Independencia. Luego, de nuevo, todos a sus respectivos puestos para seguir combatiendo al coronavirus así como, con rigor, se cumple contra viento y marea, desde el pasado 10 de marzo, en los diversos frentes sanitarios.

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