Rutas asfaltadas, de las paladas iniciales a las inauguraciones actuales

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En otros tiempos era como un magno acontecimiento. Todas las autoridades estaban rigurosamente invitadas, banderas aquí y allá, la banda de música de la Policía o de algún cuartel vecino, con sus integrantes gallardamente uniformados, ejecutaban el Himno Patrio. Tal constituía el evento comparable solo con la función patronal del pueblo.

Era un acto sublime, la fecundación (muchas veces imaginaria) de una obra futura: de la iglesia, de una oficina pública, un club, un parque, un pueblo, una ruta. Era el gameto fecundando el óvulo en la matriz de la sociedad que, sin embargo, nunca paría.

Palada inicial, la inacabable promesa nunca o tardiamente cumplida. Tiempo pasado.

La “palada inicial”, promesa vana camuflada de labor, fue instalada por gobernantes que solo prometían, endulzaban, dinamizaban ilusiones en la gente; para eso, dichas convocatorias se las practicaban con magnificencia y vanidad. También servían para perpetuar en una foto la intención de hacer, pompa de jabón que comenzaba y terminaba en instantes.

Fue un hábito, que terminaría siendo motivo de interminables burlas, instalado por gobernantes irresponsables y farsantes y que se mantuvo en la cartelera del poder durante generaciones.  Alguien dijo alguna vez que las promesas son olvidadas por el príncipe, nunca por el pueblo.

El gobierno de los liberales en tiempos recientes quedará registrado en la historia como el de “paladas iniciales”, sobre todo en lo que respecta a rutas. Tal era la promesa de los herederos políticos de Antonio Taboada, sobre todo en el capítulo de las obras viales, que la palada inicial se constituye en su imperecedero símbolo.

La otra cara de la misma moneda es la concreción de las obras públicas, tal como se observa hoy. Casi semanalmente el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones inaugura extensos tramos de rutas asfaltadas que permiten comunicar en todo tiempo a numerosas comunidades campesinas con el resto del país. En algunos de esos actos asiste el presidente de la República.

“Nunca prometer lo que no puedas dar ni hacer” es un proverbio practicado por las personas fiables. Sin dudas, debe ser uno de los favoritos de Marito y de Arnoldo Wiens; uno se supone que debe ser así por lo que se ve y aprovecha, obras viales concluidas y en etapa de construcción.

Felizmente pasó el tiempo de la superficial “palada inicial” y, comenzó el de las inauguraciones permanentes. Por fin el camino está allanado para el desarrollo del país.

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