El Chaco, futura potencia algodonera

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El Chaco se proyecta como la principal zona algodonera del Paraguay donde se han sembrado 6.000 hectáreas en el periodo agrícola 2018/2019 bajo el sistema mecanizado con variedades nuevas frente a las históricas producidas décadas atrás por el Ministerio de Agricultura y Ganadería.  Itapúa también tiene cultivos de la fibra y que son cosechados con modernas máquinas.

Juan Carlos Cousiño, técnico algodonero, IPTA.

La vivencia algodonera en Paraguay que tiene sus siglos se la puede dividir en dos, a partir de la década de 1970 hasta 1990 cuando la siembra se realizan sobre las variedades nacionales Reba, primero la B-50 y; luego, la 279, salidas de los laboratorios manejados por la mencionada secretaría de Estado.

Ambas variedades, trabajadas por 137.000 familias campesinas de pequeños agricultores, comenzaron a decaer ante la aparición de una plaga, muy voraz y, como para el coronavirus actualmente, sin productos químicos eficaces que lo controlen.

La producción algodonera paraguaya de hoy es mecanizada. La foto corresponde a la cosecha en una finca de Tomás Romero Pereira, Itapúa.

La segunda parte de la historia reciente del algodón paraguayo arranca a mediados de los años ´90 con la decadencia del todo el sistema de producción y comercialización y cuando las variedades nacionales fueron sustituidas, quizás con poca responsabilidad, por las importadas de Argentina y sobre todo de los Estados Unidos (la tristemente célebre variedad Delta Pine).

El entonces ministro de Agricultura y Ganadería, Hernando Bertoni (Der.) con quien por aquellos años de la década de 1980 fuera presidente de las Cooperativas Mennonitas del Paraguay, Korneius Walde, en un algodonal del Chaco Central.

En 1990, cuando aún Hernando Bertoni era el ministro se llegó al tope de 550.000 hectáreas cultivas, cosecha adquirida por unas 35 desmotadoras instaladas en las principales zonas algodoneras, todas socias de la Cámara Algodonera Paraguaya (CADELPA).

Un reporte del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) señala que en el periodo agrícola 2017/2018 el área algodonera de Paraguay era de 10.000 hectáreas.

La construcción de la doble vía de la extensa Transchaco es chispa que enciende la mayor y mejor producción del algodón en el occidente paraguayo.

“el futuro del algodón esta en el Chaco”, afirmaba Juan Carlos Cousiño y reproducido por el diario Ultima Hora de Asunción el 16 de enero de 2019. Cousiño ejercía entonces el cargo de jefe del Programa de Investigación de Algodón del Instituto Paraguayo de Tecnología (IPTA).

El técnico había mencionado para el referido matutito que el rendimiento del algodón en el Chaco es de 2.800 kilos por hectárea pero que algunos agricultores obtuvieron hasta 4.000 kilos, mientras que en la región Oriental no superan los 1.500 kilos por hectárea, sobre todo entre los pocos pequeños agricultores que todavía son fieles a este trabajo.

En el caso del IPTA, viene investigando en el Chaco con la variedad transgénica al que llaman “Tipo 2” mientras las 6.000 hectáreas chaqueñas fueron cubiertas en aquel año agrícola con la variedad “Tipo 1”.

El Chaco Central es tradicionalmente algodonero. Los menonitas lo plantaron desde varias décadas atrás. El ministro Bertoni visitaba a menudo los sembradíos de la malvácea en Filadelfia, Loma Plata y Neuland, incluso de Campo Aceval, cuando las cooperativas menonitas estaban a cargo del no menos recordado Kornelius Walde.

La construcción de la doble vía de la extensa ruta Transchaco, la de la Transoceánica, la de rutas secundarias pero igualmente importantes del Chaco, y, sobre todo, el puente sobre el río Paraguay entre Asunción y Chaco´i son obras viales determinantes para el crecimiento de la producción rural en la región Occidental, entre ellos la explotación algodonera que hoy se realiza mecánicamente en el Chaco Central así como en Tomás Romero Pereira, departamento de Itapúa.

Esta mañana, el presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), Ing. Agr. Héctor Cristaldo, dijo a Cuarto Poder que el algodón de hoy ya no es el de ayer, que es totalmente mecanizado y que requiere una muy fuerte inversión en equipos y maquinarias y un alto costo de producción.

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