Los diputados y Petta, nadie estudia para ser ministro

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Abraham Lincoln fue apenas un leñador y que aprendió a leer después de sus 15 años pero fue uno de los presidentes más importantes de los Estados Unidos de América.

Manuel Gondra no estudió en la universidad y fue uno de los hombres más ilustres que tuvo el gobierno paraguayo.

Augusto Roa Bastos no estudio sino hasta el segundo curso de la secundaria y honró a Paraguay siendo nada menos que el Premio Cervantes 1989.

El doctor Raúl Peña era médico y fue brillante ministro de Educación y Culto. Murió en su despacho, a los 80. años de edad, en 1984, de un fulminante ataque cardiaco

 Hay personas que si bien jamás se han preparado para lo que el destino les reserva se convirtieron en históricos referentes en sus respectivas áreas de gestión.

Muchos critican a Eduardo Petta como ministro de Educación y Ciencias.

A  su honradez bien puede agregarse su capacidad de gestionar si las ideologías que bullen aquí y allá desaparecieran, tan siquiera aminoraran.

En ese contexto, Diputados bajó el pulgar al voto censura de los senadores tras aquella interpelación de 11 horas en mayo pasado en la Cámara Alta.

Es evidente que no todos están convencidos de la supuesta falta de idoneidad del secretario de Estado. A casi un mes de aquel inmerecido tirón de orejas, en el mismo techo parlamentario la Cámara Baja rechazó hoy la decisión de los senadores.

Petta no se preparó para ministro, menos para ser el capitán del barco de Educación. Que levante la mano quien haya estudiado para presidente de la república, diputado, senador, ministro o presidente de entes públicos.

La censura al ministro encarnaceno se dio hasta por condicionar la comida a los estudiantes, ¿se acuerdan el caso? Dijo, como los padres rigurosos, que si los niños no hacen sus tareas no les llegará la comida. Fue suficiente para que ardiera Troya y se fulminara hasta el ejército aqueo.

O sea, la falta de seriedad de la mayoría de los senadores que rechazó la gestión de Petta se manifestó en aquella larga y aburrida sesión.

¿Quién nos dice que al término de la gestión de cinco años de este gobierno de pronto tengamos un Petta al frente del MEC con logros que le permita ser recordado por la historia?

Frente a tantos irresponsables en esa cartera durante los últimos 30 años de democracia, Petta aparece como un relevante ministro. Con que no robe la plata destinada a los kits escolares, a las comidas, al arreglo y construcción de escuelas, ya vamos bien. Si procura que la educación sea mejor, doblemente bien.

Un ex ministro de Educación fue condenado a purgar tres años de cárcel por malversación del dinero público. Petta, que se sepa, no ha metido la mano en la lata para sisar el dinero reservado para salarios, tizas y arreglos de pupitres. La honradez es demasiado importante para quien tiene el compromiso de administrar los asuntos de interés público.

Pasada la pandemia, esperamos que Petta siga trabajando con la misma voluntad con que vino cumpliendo sus compromisos. Para algunos políticos carece de simpatía, para la mayoría tiene la virtud de querer hacer bien y, sobre todo, eludir la tentación de desviar el dinero público para su particular provecho. Eso vale. Es mucho más útil a la nación que ser simpático.

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