“Minga Guazú”, la lección que deben aprender los sureños

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En definitiva, ¿qué destruyó a aquel imperio llamado “Cooperativa Minga Guazú Limitada?: el egoismo con que se lo administró tras el fallecimiento de su presidente, el salesiano Guido Coronel. Aquella era una cooperativa de pedigree que movía millones de dólares al año.

Todas las organizaciones se derrumban por el peso de la codicia individual, con más razón las cooperativas que son de alta y peculiar sensibilidad.

El salesiano Guido Coronel, presidente de la Cooperativa “Minga Guazú” Limitada.

“Minga Guazú”, la primera y gran cooperativa paraguaya constituida con cientos de socios paraguayos criollos, ñandeteva, venios de varios pueblos, fue la primera gran productora, industrializadora y exportadora de soja con flotas propias de camiones (más de 100). Desde sus silos en Alto Paraná, mediante su autonomía, desalijaba su grano en las mismas bodegas de los grandes barcos de ultramar en el Puerto de Paranaguá, Brasil.

Producía aceite y otros derivados de la soja que comercializaba en gran escala. La honradez con que se condujo la organización permitió que los cientos, miles quizás, de socios hayan disfrutado merecidamente de su trabajo hasta que falleció el guapo pa´i Coronel.

No pasaron ni dos años para que la cooperativa, la misma que protagonizó la economía paraguaya en gran escala, quede definitivamente fundida.

¿A qué se debía la mala administración? La respuesta es ineludible, a la codicia de quienes tomaron la dirigencia. Eran millones de dólares a manejar. Sin la abnegación y el altruismo del sacerdote cooperativista aquello estaba condenado a su ineludible defunción más temprano que tarde como efectivamente ocurrió con todos los daños causados a su comunidad de socios.

El caso “Minga Guazú” – ¡quién lo hubiera creído! – nos remonta al presente cuando importantes cooperativas también son focos de ataques intermitentes por quienes, a sabiendas de ser administradas con celos, atacan a sus directivos bajo argumentos que terminan no demostrando.

La marca que produce mucho bien y muchos bienes al país. Debe ser cuidada no solo por sus socios sino por todos los paraguayos. Es fuente generadora de riqueza.

En Asunción se oyen voces provenientes del sur, de las Colonias Unidas, voces distorsionadas como ecos intentando poner en dudas la gestión de la dirigencia de su cooperativa, muy grande y respetada por cierto. Es evidente el intento de minar el prestigio de sus dirigentes en base a quejas que no han sido fundamentadas con el debido rigor y que planteadas en el mismo despacho del juez este tuvo que rechazar por inconsistentes.

¡Cuidado!

La Cooperativa Colonias Unidas Limitada es una empresa de miles de propietarios, la mayoría pequeños agricultores. Hay que cuidarla, es generadora de trabajo y de ingresos importantes no solo para sus socios sino para todo el país.

Pareciera que hay grupos de socios y no socios que desean tomar las riendas de la organización, así la cooperativa esté en la cumbre de su éxito, por lo que apelando a siniestros recursos, infaman, lo que – de paso – prostituye la imagen de todos los cooperativistas, las familias afiliadas y, en especial, la de esas tres maravillosas comunidades, admiradas y respetadas, que son Bella Vista, Hohenau y Obligado, el cuero del cual se produjo esa correa.

Hacer una cooperativa creíble demanda años, generaciones; para tumbarla, es suficiente con un puñado de astutos capaz de manejar a algún medio sin moral dispuesto a difamar sin más condición que, quizás, unos cuantos billetes.

Desde las graderías nos parece sano el deseo de algunos cooperativistas de administrar su cooperativa que para el efecto cuentas con los recursos que el estatuto respectivo fija cómo y cuándo hacerlo. Los caminos tortuosos no llevan sino, generalmente, a metas tortuosas.

Vale recordar la dura experiencia sufrida por los socios de la cooperativa “Minga Guazú”. Que no se repita en el sur ni en ningún otro lugar de nuestro país.

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