Por fin, estaremos todos juntos, en la casa grande

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Algunos países líderes se ufanan de sus dominios territoriales, como España, Francia e Inglaterra; de llegar hasta el planeta Marte, como Estados Unidos, otros llegaron a ambos polos donde cuentan con bases científicas y tal vez militares.

Con cuatro puentes sobre el Paraguay ya no habrá “la otra orilla” sino un mismo país.

Esas consecuciones hacen que las naciones protagonistas se sientan líderes, realizadas como a los paraguayos nos hace sentir bien, aunque no somos de elogiar nuestros avances, que estemos llegando rápidamente al Chaco, esa sabana por el cual la nación pagó 30.000 vidas y donde la riqueza es posible pese a su aridez y su clima intenso.

El citadino, el paraguayo de la capital y de las demás ciudades, profesionales, agricultores, estudiantes, docentes, funcionarios públicos, amas de casa, menores, mayores, ancianos de aquí a poco tendrán la oportunidad de cruzar el río e internarse hasta las comunidades más alejadas de la región Occidental mediante los dos puentes en construcción y las rutas asfaltadas realizadas sin contratiempos.

A estas generaciones de paraguayos honra llegar, por fin, al Chaco paraguayo, esa otrora lejanía, ignorada, perfilada por los libros de lectura, los reportajes en la televisión de vez en cuando, o por la historia de la guerra culminada 85 años atrás.

Los paraguayos estamos llegando a las tierras que, de cualquier manera, desde hace generaciones, desde casi un siglo atrás, comenzó a proveer de alimentos a los paraguayos mediante los colonos menonitas asentados en el Chaco Central.

Nuestra conquista, nuestra expansión interna ya se da. El Chaco ya no estará lejos una vez que culminen las tareas de quienes construyen las rutas y los puentes. Esta integración nos hace más realizados. Por fin todos estaremos juntos, en nuestra casa grande.

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