Tercera etapa, logro y compromiso

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El inicio de la tercera etapa de la cuarentena inteligente tiene mucho de obligación de parte de toda la ciudadanía. Que la libertad no se convierta en el libertinaje apropiado para el contagio. De la ciudadanía depende salir del peligro definitivamente.

Por ahora, la autoridad nacional aporta lo suyo: pone en los papeles la autorización que, de todos modos no es sino una suerte de “sigamos, a ver qué pasa” porque nadie tiene en manos la bola de cristal para saber si a la vuelta de la esquina no se deba encontrar con desagradables sorpresas.

Por eso, no dejar de usar la mascarilla, lavarse las manos, usar el alcohol en gel, evitar la cercanía unos con otros. El decreto está firmado por el presidente, de cómo se lo usa depende del ciudadano. Es igual al de tener un arma de fuego en manos, el irresponsable la usaría para causar daños a otros.

La tercera etapa es un logro alcanzado con paciencia, con muchas restricciones de por medio. Se ha sufrido, seguimos sobrellevando, pero este sacrificio colectivo ha salvado miles de vidas, decenas de miles tal vez, por lo que bien vale estos 95 días de rigores por los que todos pasamos.

Con la luz del Espíritu Santo las oscuridades se irán disipando. Todavía no estamos liberados del peligro, el indulto del virus no se sabe cuándo se dará, acaso cuando todos tengamos en nuestros cuerpos la vacuna que, a Dios gracias, ya se está en puertas de producir, mientras a seguir tomando todas las precauciones individuales posibles.

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