Un pionero agricultor que sobrevivió en el monte

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Esta es la historia de un agricultor inmigrante que superó todas las vicisitudes en las selvas del Alto Paraná cuando aquello todavía era impenetrable. Trabajando, un día casi muere desangrado sin más auxilio que su mujer embarazada. Sobrevivieron, formaron familia y hoy siguen radicados en Nueva Esperanza, Canindeyú.

El Banco Nacional de Fomento (BNF) otorgaba créditos a los pioneros colonos brasileños para destroncar las áreas deforestadas entre las décadas de 1970 a 1990 en la margen derecha del río Paraná, territorio paraguayo. “No había crédito para producir la tierra si no extraíamos la raíz de los árboles tumbados y quemados todos los troncos que quedaban tumbados”, reveló Erico Exterkotter en su vivienda de Nueva Esperanza. Actualmente tiene 74 años de edad.  Cuando vino por primera vez de su país, Brasil,  adquirió poco más de 20 hectáreas de monte que le vendió un tal Fernández, un señor paraguayo al que se le decía “Capí Fernández”, porque era un capitán de las milicias paraguayas.

Don Erico y la primera sierra que utilizó para trabajar en los bosques del Alto Paraná.

Compró la tierra, construyó un rancho “estaqueado” con las ramas y los troncos que cortó y retornó al estado de Paraná, Brasil, en busca de Hilda Cardoso, su flamante esposa. Ambos se instalaron en el inmenso y peligroso monte.

Una foisa, un hacha y una sierra fueron sus herramientas para ganar espacio al monte inmenso. “Vinimos con mucha esperanza. El 24 de junio de 1972 desembarcamos aquí con mi esposa. No había camino solo uno que partía de Itakyry que conectaba con Tractor Kue, un camino de rolleros. Este lugar se encuentra a unos 20 kilómetros del actual Nueva Esperanza”, dijo.

Con el tiempo, también se hizo de un espacio en una isla boscosa de Nueva Esperanza donde construyó una casa donde pasa la mayor parte de sus días y es el vídeo donde expuso lo siguiente:

-¿Cómo se llama el lugar donde desembarcaron cuando vinieron de Brasil?

-Gleba 8, era monte, puro monte. Ahí preparamos nuestra casita de troncos, ramas y cuero y, nuestra chacra. A los ocho meses y pico de haber llegado, cortando un pindó me corté con el hacha y prácticamente destrocé un miembro.  Mi esposa estaba embaraza de casi nueve meses que al verme herido se sintió mal y lo que provocó que nuestra primera hija naciera semanas antes de lo previsto.

-¿Estaba ampliando su chacra?

-Preparaba tablones del tallo del pindó para ampliar la casita porque ya debía nacer nuestra hija. El techo cubríamos con cuero de venado que había bastante y cuya carne nos servía de alimento. Cazábamos los domingos con escopeta.

-¿Ser pionero en esas zonas le significa algo?

-Soy orgulloso de ello. Muchos no aguantaron y volvieron a Brasil. Entre los años 1978 a 1985 fue periodo crítico porque terminó la menta. Ya la tierra no producía. No se podía producir la soja porque las malezas ganaban los cultivos; el algodón no podíamos sembrar por el ataque del picudo.

En Nueva Esperanza, en la casa. Él y ella. Tuvieron hijos y ahora nietos, todos paraguayos.

-La menta marcó un antes y un después de la presencia de los colonos brasileños en Paraguay.

-Sí. La menta anduvo bien hasta tres cosechas, quizás cuatro, pero después nada porque la menta necesita mucho abono. En la tierra del monte funcionó bien al principio pero poco después la tierra ya no tenía fertilidad por lo que desapareció la producción entre nosotros.

-¿Tenía mucha siembra de menta?

-Llegué a tener 30 hectáreas. Todo el trabajo era a mano pero tenía peones que trabajaban conmigo.

-¿Era rentable?

-Sí, pero debíamos esperar seis meses para cosechar y cobrar. No había financiamiento, ni asistencia técnica, nada, de nadie. Cada uno se las arreglaba para vender la cosecha como podía. Debía ahorrar el dinero para mantenernos durante los largos meses sin contar nada para vender. Nos manteníamos con lo que había en la casa: la gallina, el huevo, el cerdo, el maíz, la mandioca, el poroto.

-¿El Banco de Fomento no les financiaba nada?

-Sí, después y a los que teníamos títulos de propiedad y, especialmente, a los que tenían más tierras. Nos decían que habrá crédito si ya terminábamos de derribar los montes de nuestra propiedad y que el crédito es para sacar la raíz de los árboles tumbados. Así fue hasta entrada la democracia en Paraguay. El BNF no prestaba dinero para otra cosa sino para limpiar de raíces y troncos el área desmontada.

-Dice usted que el BNF daba crédito a los que tenían más tierra …

-…Sí, no se interesaba en apoyar a un propietario con dos a cinco hectáreas de desmonte, prefería concentrar el apoyo a los que tenían chacras más grandes, de veinte hectáreas para arriba. Era así que los colonos que podían compraban las pequeñas propiedades de los más chicos para asegurar el financiamiento del banco paraguayo.

(Textos y fotos: Efraín Martínez Cuevas)

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