Los aljibes de las casas de nuestros abuelos

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Asunción es la antigua ciudad de las colinas y de los arroyos. Rodeada de una medialuna de las eternas aguas del río Paraguay esta sirvió por generaciones como el inmenso fregadero de ropas  que a diario citaba a las mujeres de las riberas convirtiendo la tarea en formidable excusa para la socialización diaria.

Los arroyos que desembocan en el río fueron en siglos pasados fuentes de las que los habitantes de Asunción se surtían a diario. El ykua, manantial, era concurrido y cada barrio tenía el suyo, algunos dejaron sus nombres como identidad de antiguos suburbios, como Ykua Sati, vecina a la autopista Aviadores del Chaco y; Ykua Duré, en la cercana Luque.

La historia sobre la capital paraguaya es incompleta sin la mención de sus arroyos: Jaen, Ferreira, Sosa, Mburicaó, como es fragmentado todo relato de las viviendas asuncenas sin la mención de sus aljibes.

El aguador asunceno de un tiempo en fuga. Corposana (luego ESSAP) fue creada a mediados de la década de 1950.

No todas las viviendas asuncenas de tiempos pasados contaban con el pozo del cual se extraía el agua propia. Eran sustituidos por los aljibes surtido con el agua de lluvia o por el aguador (“aguatero”, le decían los asuncenos) que transportaba el agua en carros tirados por un par de caballos desde algún pozo hasta la vivienda del cliente.

El aljibe se encontraba o en un ángulo de la vivienda cuyas canaletas de aluminio orientaba el agua de lluvia caída al techo hacia el reservorio. Algunas casas, que en el 2018 todavía perduran, tienen sus aljibes en el centro del patio apetrilados a la usanza marroquí, revestidos de azulejos u otras cerámicas.

Aljibe, palabra de origen marroquí, formó parte del lenguaje de los asuncenos aunque quizás algunos hayan desconocido su procedencia y que llegó a Paraguay a través de los conquistadores españoles procedentes, del sur de la península ibérica dominada por la cultura árabe durante siete siglos.

A mediados de la década de 1950, durante el gobierno del general Alfredo Stroessner, se crea la Corporación de Aguas Sanitarias (CORPOSANA) y con ella el servicio de agua corriente en la capital y que, de apoco, fue extendiéndose a las ciudades vecinas. Su prestación dejó de lado el lavado de ropa en la ribera del río, la concurrencia a los manantiales cántaros y baldes en ristre y a los carritos aguadores que pululaban en los barrios.

Este pueblo – al decir de Carlos Zubizarreta en su “Acuarelas paraguayas” – “de tanta semejanza física con el árabe andaluz” adoptó la palabra aljibe y todo lo que implica su uso como tantas otras herencias originadas en la ancestral cultura marroquí pero que, por falta de la adecuada enseñanza, los paraguayos en general y, los asuncenos en particular no lo sabían.

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