Lo que pensamos sobre nuestro oficio, el periodismo

0
Por Efraín Martínez Cuevas 

¿Qué es el periodismo?, ¿profesión, oficio, industria, vocación? Las cosas aparentemente difíciles de definir deben, a veces, ser pensadas, como esta sobre la definición del periodismo.

Décadas atrás, en nuestros años mozos, creíamos que era una fuerza noble y sincera que promovían a servir a la comunidad. Que a través del periodismo iba implícito el espíritu puro y honrado de integrarnos con la ciudadanía.

Por aquel tiempo pensábamos que el oficio era una aspiración íntima totalmente independizada de las compensaciones materiales, aunque a veces, por esta última circunstancia se sufre.

En suma, que es un ideal limpio al cual se sirve con todo el corazón, por tanto, ayer y hoy seguimos pensando que el periodismo no es oficio, profesión ni oficio ni empresa ni industria. Que es simplemente – nada menos – un ideal.

Mientras la prensa registró profundos cambios tecnológicos, la ética periodística es una sola, constante, que no envejece.

¿Ha cambiado el periodismo en estos últimos treinta años? Sí, el periodismo ha cambiado. Es que estamos viviendo horas en que el caudal de sentimientos pareciera ir diluyéndose, como si extrañas influencias fueran relegando las cosas gratas que giraban en torno a los viejos y tradicionales principios del hogar y de la familia.

Hemos progresado y mucho en la dinámica técnica del maravilloso mundo de la prensa, entendida esta como la síntesis de toda la compleja actividad periodística actual. Hoy estamos en la prensa digital y los multimedios en pleno territorio de la informática y de internet.

Sin embargo, hemos olvidado algo que es y será siempre de fundamental importancia: el espíritu y la sensibilidad del periodista.

Los comunicadores que sentimos lo que hacemos poseemos parecida sensibilidad y vocación. Es una fuerza, un poder que de tal manera se manifiesta, que somos capaces de rechazar tentadoras ofertas, con tal de no abandonar nuestro quehacer periodístico, muchas veces ingrato y difícil en satisfacciones materiales.

Pero aquel sentido de la vida y del periodismo se fue debilitando gradualmente. Se quehacer cordial y humano fue desplazado paulatinamente por una nueva corriente de esencia foránea. Avanzó el sensacionalismo morboso y extrañas influencias fueron desvirtuando lo esencial, lo útil; incluso la verdad fue profundamente estoqueada.

Sin embargo, en esa lucha sostenida contra las extrañas influencias, algunos cánones, principios o conceptos tradicionales, tuvieron la fuerza de hacer resplandecer las virtudes del periodismo esencial e inamovible. Ese periodismo que desde el ideal se mantiene firme y salva la dignidad de quien lo ejerce.

A pesar de los pesares, hoy seguimos pensando igual que ayer, que el periodismo sigue siendo en manos del comunicador honrado una fuerza noble y sincera presta a servir a la comunidad y no servirse de ella el periodista.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here