Caminos que permiten el demorado reencuentro de los paraguayos

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Tiempo al tiempo, al alma de este mundo. Las generaciones pasarán y las obras de quienes se dejan llevar por la buena voluntad quedarán por los siglos de los siglos, como los puentes romanos, como el canal de Suez y Panamá, como el mismo alunizaje.

Obras son amores y no buenas razones, son ellas el nuevo sello del gobierno paraguayo. Labor en todos los rincones del país, en todo el Chaco, en el norte, el sur, el este. Trabajando de sol a sol, abriendo caminos, asfaltando, renovando y construyendo puentes, declarando la guerra, todos los días, al aislamiento, esa pandemia que alejaba unos de otros al paisanaje.

Como que termina la mala raya, rutas asfaltadas aquí y allá en todo el territorio paraguayo.

Un poco más de tiempo y el norte será otro territorio, dominado por los que trabajan honradamente porque sus caminos y rutas estarán completamente terminados. Los norteños producirán sin temor a la violencia como cobija el aislamiento, el abandono de otros tiempos.

Un poco más y Curuguaty, Saltos del Guairá, Nueva Durango, serán partes de una región completamente comunicada paraje por paraje, para lo que hoy las máquinas rugen sin cesar en la construcción de caminos para todo el tiempo.

Ya no hay tiempo qué perder. La nación, por más de 200 años postergada en su amplio interior, está a poco de reencontrarse consigo misma. Los caminos son la señal más clara del desarrollo, de la civilización. Mediante estos, el trabajo, la educación, la salud, el alimento se hacen posibles. En aislamiento todo es imposible.

Paraguay se desarrolla y sobre todo une a sus habitantes. Las rutas asfaltadas llegarán a todas partes, falta poco, tiempo al tiempo, al alma de este mundo.