Paraguay apunta a ser potencia ictícola en agua dulce

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Por la gracia de Dios, Paraguay tiene abundante agua dulce. A falta de costa marina, nuestro país tiene fecundos arroyos, manantiales, lagos y ríos. A propósito, su rica hidrografía y la voluntad de sus habitantes lo convirtieron – como si todo fuera poco –  en uno de los principales países con capacidad de transporte fluvial de carga. Dentro de la merced divina se suma su capacidad ictícola en cautiverio.

Y no es propaganda: Paraguay es tierra bendita. Carece de los temibles monzones de India, China y Japón; los tornados de Estados Unidos, los terremotos de Chile, Indonesia, Estados Unidos; ni las sequías del norte africano. En cuanto al invierno, el paraguayo es como el verano para los nórdicos europeos, nuestro clima subtropical permite identificar a la nación como una de las elegidas, después de Israel, por Dios, sin exagerar nada, solo es cuestión de observar alrededor.

Wilson Amarilla tiene sus estanques de peces en Alborada, Itapúa.

 

Y ni hablemos de la promesa del Chaco, a poco de contar con redes caminera asltadas de punta a punta, llamado a ser la “granja de América”.

Su potencial hídrico, de pura agua dulce, permite al Ministerio de Agricultura y Ganadería y el sector privado a llevar adelante programas de producción ictícola que, si bien ya tomó cuerpo y forma en los últimos 25 años, todavía no da como para pensar en la exportación, por ejemplo. Toda la cosecha es consumida en un pestañeo dentro del país.

Esa es la idea, que se consuma en el país, por eso, desde muy al norte, en Puerto Leda, Alto Paraguay, hasta Alborada, Itapúa, se trabaja en serio sobre la repoblación de nuestros ríos y arroyos y la explotación de este rubro mediante estanques instalados en las propiedades de los piscicultores.

El complejo piscícola de la familia Lui en Santa Rita. Estanques cubriendo decenas de hectáreas. Riqueza pura.

La idea piscícola del MAG surgió para, primero, diversificar la alimentación de las familias y crear otro rubro para la venta. Los resultados son sencillamente estupendos.

Estanques que se construyen, que no son de altos costos, que solo requieren una naciente cercana (que es lo que, felizmente, más abunda en el campo) y los primeros alevines con qué poblar. Es cuando el MAG “mete la mano” proveyendo asesoría, alevines, alimentos de modo que, una vez poblado la pileta, el productor obtenga el provecho alimentario y comercial.

En Santa Rita está la familia Lui que trabaja en la piscicultura desde hace más de 20 años. Hoy sus estanques cubren unas 50 hectáreas. Allí producen todo tipo de peces, incluso los más grandes y apreciados, como el dorado, el pacú, el surubí. Toda la producción es comercializada para el consumo entre los pobladores vecinos. Un buen negocio, sin dudas.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería no ceja en su empeño de entusiasmar a las familias campesinas en involucrarse en esta tarea las que, sin que sea un juego de truco, bajan su “quiero y requiero” promoviendo el entusiasmo colectivo, hasta de los mirones.

En Paraguay se puede vivir bien sin muchas vueltas. La naturaleza da todo. El hombre solo debe aportar lo natural en él, la buena voluntad. El resto viene con el viento cálido que maduran las espigas, las lluvias que riegan los plantíos, el frío que maduran el trigo y endulzan los cítricos y; el verano, para la gran cosecha.

El agua está, en abundancia. Los peces se multiplican en las fincas, los campesinos comen abundante y mejor. La piscicultura es otro recurso, infinito, para quienes desean trabajan, vivir y compartir en familia en paz. En definitiva, Paraguay apunta a ser potencia ictícola en agua dulce. Esa es la idea trabajada sin descanso.