La verdad de la historia desconocida por un periodista

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Efraín Martínez Cuevas (*)

Existen varios testimonios escritos sobre la actitud del doctor Rodríguez de Francia respecto a la educación en Paraguay que revelan que es falso que haya cerrado todas las escuelas y que prohibía la lectura de libro alguno, como desacertadamente el periodista Enrique Vargas Peña formula en su cuenta de Twitter. Tampoco es cierto que mantenía vigilancia sobre los que poseían libros.  En este artículo exponemos las evidencias, muy distantes a la ligera exposición del colega, evidencias que se encuentran en los libros y en los documentos originales del Archivo Nacional de Asunción.

El posteo del periodista de Abc, Enrique Vargas Peña en su cuenta personal de Twitter.

El doctor Francia no cerró todas las escuelas sino aquellas principales manejadas por las organizaciones eclesiásticas.  En 1822, afirma el testigo suizo Rudolf Rengger, suprimió el colegio de teología (“Minerva duerme, cuando vela Marte”) y que dejó funcionar las escuelas de primeras letras. Una cosa es cerrar escuelas y otra, desatender, interrumpir las enseñanzas (1).

Silvestre Aveiro, asistente de confianza de Carlos A. López y de Francisco Solano, por ejemplo, tuvo por maestro a un limpeño que ya venía enseñando de manera particular desde los tiempos de Francia, Juan Arsenio Pabón, quien regenteaba una escuela ya por entonces (década de 1850) pública. Estudió con él seis años (**).

El doctor Cecilio Báez expuso que habían “muchas escuelas particulares” siempre para instruir a los varones por lo que no era de extrañar el hallazgo de uno que no supiera leer y escribir lo quede entre los cuales, al decir del historiador, político liberal y ex presidente de la republica, surgieron los personajes principales de la época de Carlos Antonio López (2).

Miguel Rigual, caracterizado por su dureza contra la gestión del dictador en los asuntos educacionales, admitió que siguieron funcionando, tras el cierre del Real Colegio Seminario de San Carlos, única institución de enseñanza secundaria, la escuela Nacional, manejada por José Gabriel Téllez y la particular dirigida por Juan Pedro Escalada (3). Este, Escalada, fue uno de los maestros principales de los hijos de Carlos Antonio López.

Lo del cierre del Seminario de San Carlos “se encuentra en el espíritu suspicaz y receloso del dictador”, escribió Báez, temía que los docentes españoles y porteños del instituto “enseñaran máximas contrarias a su sistema de gobierno y tuvieran ascendientes sobre los alumnos y sus familias” (4).

La iglesia capitalizaba la enseñanza desde el siglo XVI en Paraguay motivando a exponer la pregunta de si sería la iglesia la única institución encargada de la educación. El Cabildo de Asunción mucho antes de la independencia solventaba una escuela de primeras letras en la capital para jóvenes cuyos padres carecían de recursos económicos para tal fin. Téllez fue el encargo de la misma desde 1802 escribió J. W. Cooney, de la Universidad de Stanford, California (5).

Así el dictador Francia estaba contra el manejo de la iglesia dejaba que cada parroquia (tampoco es verdad que hizo cerrar las puertas de todos los templos) contara con un maestro así como siempre fue desde mediados del siglo XVI.

Entonces, ¿qué destruyó el doctor Francia de la educación?, probablemente el nuevo sistema que Fernando de la Mora deseó implementar desde la independencia. “Las disposiciones del Doctor Francia con respecto a la educación no fueron totalmente negativas”, afirmó el catedrático Cooney (6).

El doctor Oscar Paciello, ex titular del Instituto de Investigaciones Históricas Dr. José Rodríguez de Francia” fue implacable defensor de las gestiones del dictador: “Frente a las disparatadas afirmaciones de que durante el gobierno del Dr. Francia se descuidó la educación popular, están los numerosos trabajos del Dr. Alfredo Viola que demuestras que acaso como nunca en la historia del Paraguay, este importante aspecto de la realidad nacional fue atendido” (7).

El Dr. Óscar Paciello, intelectual a toda prueba, había dicho en defensa de Francia: «las disparatadas afirmaciones de que durante el gobierno del Dr. Francia se descuidó la educación popular están los numeros trabajos del Dr. Viola».

Según Paciello, Carlos Antonio López no hubiera podido desarrollar sus altas funciones sin la cooperación de hombres probos y capaces como quien fuera su ministro de Hacienda, Juan Manuel Álvarez, que dio proyección internacional al gobierno de López. Alvarez fue formado durante la dictadura de Francia.

Leyendo a J. A Vázquez, en cuyo libro basado únicamente sobre documentos del Archivo Nacional de Asunción, se lee que Francia organizó una biblioteca pública para todos que quieran investigar en sus volúmenes, caen aquellas acusaciones que sostienen que Francia tampoco permitió el acceso del pueblo a los libros (8).

1)- RENGGER, Rudolf, “Ensayos históricos sobre la revolución del Paraguay”, “El doctor Francia, Rengger, Carlyle, Demersay”, El Lector, Asunción, 1982.

2)-BÁEZ Ceciclio, “Ensayo sobre el doctor Francia y la dictadura en Sudamérica”, Cromos, Asunción, 1985.

3)-RIGUAL, Miguel, “Lo mejor de la historia paraguaya”, El lector, Asunción, 2002.

4)-BAEZ, id, id.

5)-COONEY, Jerry W., “Consideración sobre la educación durante el gobierno del doctor Francia”, Instituto de Investigaciones  Históricas  Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, Anuario,  1985.

(6), Id, Id.

7)- PACIELLO, Oscar, “En el sesquicentenario del fallecimiento del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia. La dictadura”, Instituo de Investigaciones Históricas Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, Anuario, 1993.

8)- VAZQUEZ, José Antonio, “El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos”, Eudeba, Buenos Aires, 1975, pp. 328 y 350.

 (*) Escritor y periodista.

(**) Más tarde, el maestro Pabón solicitaría al presidente López lo admita a él como criado de modo a seguir aprendiendo porque, según él, “todo lo que sé ya le enseñé pero desea seguir sabiendo más”. Francisco Solano lo tuvo como a uno de los responsables de su biblioteca privada con la orden de leer los libros disponibles ahí. Este detalle está consignado en el libro de Silvestre Aveiro, “Memorias militares 1864-1870”, ediciones Comuneros, 1989.