El “comunista” Alcibiades González Delvalle

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Por Efraín Martínez Cuevas

Alcibiades González Delvalle,  acababa de publicar en el diario Abc otra serie como acostumbraba a sus lectores sobre sus experiencias en la boscosa frontera paraguayo- brasileña. Corría el año 1978.

Sin dejar títeres con cabeza, generando bataholas entre los caudillos políticos de la extensa comarca, fue soltando capítulos que caían como piedras en el estómago y los intestinos gruesos de aquellos.

En septiembre de 1979 acompañé a Alcibiades a otra andanza periodística en la frontera con Brasil. Era mi bautismo como periodista en esas soledades. Nos convocaba el contrabando de ganado paraguayo en pie hacia el Brasil. Anduvimos por la frontera al menos 15 días visitando raleados puebluchos donde los hombres andaban armados hasta los dientes.

Una tarde con llovizna y frio llegamos a Itanará, Canindeyú, un modesto conglomerado de casitas de tabla. Para averiguar  cuál era el camino que une al norte paramos nuestro vehículo, un Ford con ruedas duales, junto a un señor que caminaba en la barrosa calle en sentido contrario a nuestro rumbo. Nos preguntó de dónde veníamos, Alcibiades le respondió que de Asunción, que somos periodistas de Abc.

Una de las tantas notas que escribimos al volver al diario, sanos y salvos tras el incidente en Itanará, Canindeyú. En La Paloma aguardaba otra amenaza de muerte al periodista, pero eso es para otro relato próximo.

-¿Entre ustedes (éramos Alcibiades, Zayas, el chofer , y yo, sentados unos al lado del otro) no está Alcibiades González Delvalle, ese bandido?, inquirió amenazante el vecino.

-No – contestó,  sereno.

-Ese tipo nos difamó injustamente a través del diario ante nuestros superiores partidarios – dijo el señor, enojado, quien resultó ser el presidente de la seccional colorada de Itanará.

-Ese periodista ya no está en Abc. Le echamos por comunista, era un jodido – replicó el veterano hombre de prensa ante mi asombro de novato periodista.

El caudillo colorado nos invitó a pasar la noche en su casa a lo que Alcibiades agradeció.

-No deberían seguir – insistió el lugareño – el camino debe estar intransitable y la zona está infestada de malevos. Pasen la noche en casa.

-Bueno, iremos a pasar en su casa.

El hombre fue andando a pie a su domicilio. Nosotros le seguimos pero en un descuido nos escapamos. Ya retirado de Itanará nos preguntamos unos a otros, tras profundos suspiros, si el hombre descubría que quien estaba bajo su techo era nada más y nada menos que el mismísimo Alcibiades González Delvalle, nada menos que el “difamador”, el  “jodido comunista”.

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