Don Silvio, el villarriqueño a quien el tiempo le hizo un guiño

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El tiempo le hizo un guiño para que su barrio siga sintiendo su fortaleza y la de los suyos ya no como panaderos sino como el vecino bueno que aportó lo suyo para que hoy la comunidad sea grande y próspera.

Domingo, 2 de agosto de 2020. Barrio Santa Librada, Villarrica. Son las nueve y media de la mañana y el viento norte, caliente y perezoso, anuncia un próximo verano más exigente.  Los rayos del sol estallan contra el campanario blanco de la iglesia cercana.

Don Silvio Leguizamón, con sus libros, su agenda y su calendario, el que le hace un guiño todos los días.

Mientras en algunas casas sus ocupantes buscan la sombra de los árboles de sus solariegos espacios, a don Silvio Leguizamón encontramos en la sala de la casa que alguna vez fue el salón de ventas de los aromados panes.

De conversación amena, lúcida y coherente, don Silvio no manifiesta sus 91 años de edad.

-Debo andar con mi cédula de identidad a cuesta. Aquí está. Vea usted por sus propios ojos. La gente no me cree que tengo 91 años.  Nací en 1929 en Villarrica – nos dice al extraer su documento personal del cajón de una mesa, junto a la cual estaba sentado y nos muestra.

Explicó que él nació en la misma casa donde vive hoy. Su esposa ya falleció, tiene hijos “y muchos nietos y bisnietos”, inyecta conversación.

Su lozanía denota ganas de seguir la vida, de atestiguar más crecimientos de su amado barrio. Su buena onda es la de un joven de 25 años de edad. Honradamente, su aspecto es el de un hombre de 60 años, no precisamente de un petimetre, sí, de quien goza de buena salud física y mental y demuestra amor a la vida.

Sí, el tiempo le hizo guiños quizás por su curiosidad por conocer más de los secretos guardados en los arcanos de la vida.

-Me gusta leer libros sobre la Guerra del Chaco. Ahora estoy con “Armas y letras” de Arturo Bray.

-¿Usa anteojos?

-Sí, aquí está, pero escribo sin necesidad de ponérmelos.

-¿Cómo era su barrio cuando era niño?

-Esta era una tapera. Un camino que conducía hacia los montes. Ahora es otra cosa. A casa donde vivo se construyó en la década de 1930. Sí, fueron mis padres quienes la han levantado. Nací aquí, nunca fui a otra parte.  No, lo de “Cancha cué”, recordada en la canción de Gumersindo Ayala Aquino, no fue de mi época. A los mejor, sí, de cuando era niño, pero no me daba cuenta.

Texto: Efraín Martínez Cuevas

Fotos: Celeste Recalde.

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