Otra más, la número 53, en la lista de fallecidos

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Suma y sigue. La sombra de la fría estadística empieza a ocupar el espacio de los medios de comunicación. Es la número 53, una mujer, la primera entre los funcionarios públicos. La mató el covid-19. De nuevo Ciudad del Este se alza con este revés.

Era guardia cárcel del penal de mujeres “Juana María de Lara” de la capital del Alto Paraná. Ella fue una institución dentro de la institución penal. Desde los treinta y pico de años de edad fue la vigilante, la que con una sola mirada inspiraba disciplina.

Cantidad de cruces nuevas en algún lugar de Brasil convertido en campo santo. Los restos de de quienes murieron por el ataque del coronavirus. Suma de nombres, de anónimos, partes de la estadística. 

De pronto se sintió mal y se la internó. Estuvo en la unidad de terapia intensiva. La atención fue día y noche por parte de los vestidos de blanco pero el maltratado sistema respiratorio de la guardiana no soportó y ahora aparece en la lista de las estadísticas.  La número 53 de la fatídica y maldita lista.

Su nombre aparece entre todos los nombres del padrón de fallecidos, una tarea para los escribientes del Registro Civil y, desde luego, del Ministerio de Salud. Otro dato burocrático sin entrada en la escala cromática de los sentimientos.

Otra víctima del coronavirus y, quizás, también, de la incredulidad de muchos, de la rebeldía mentecata e infeliz de quienes priorizan el dinero y no la vida en una ciudad atacada cada vez con más ferocidad por el enemigo invisible.

No, su nombre no publicaremos aquí. No solo porque así es la norma sino por esa suma de buenas costumbres: respeto, dignidad, sentimiento de dolor. Cuando los nombres se amontonan en lo profundo de una fosa las estadísticas los borran porque los registros son números y los números siempre fueron tan fríos como el mármol que tapan las tumbas.