Hoy terminó la condena de siglos de Mburicá Potrero

0
35

Desde hoy muchas familias del departamento de Caazapá vivirán en casas confortables, pequeñas pero dignas. Son las llamadas viviendas sociales que fueron inauguradas por el presidente. Más vale tarde que nunca. La antigua Mburicá Potrero ya será  conocida y visitada con más frecuencia.

Solo quienes vivieron la angustia del aislamiento saben cuánto valor tienen las obras inauguradas hoy por el gobierno. Los buenavisteños lo saben. Por la vieja Mburicá Potrero han pasado generaciones aisladas, sin más caminos que las abiertas por las plantas de los nativos, los cascos de los caballos y las pesuñas de los bueyes tiradores de carretas.

En medio del monte, sobre un arroyo que aparenta apacible pero que se torna indomable en tiempos de creciente, el puente nuevo que rompe con el aislamiento de años.

Sin energía eléctrica, sin centro médico, con arroyos embravecidos en tiempos de creciente, montes, tigres,  reptiles y la esporádica presencia, cuando los caminos eran secos, de extraños quizás buscando comprar maderas que abundaban en sus parajes. Después, nada, solo la miseria en un conjunto de ranchos en torno a la famosa laguna de esa Buena Vista hoy integrada al país.

La historia de una región caazapeña en una novela paraguaya que, una vez leída, se comprende cuan importantes son las obras inauguradas hoy en el departamento de Caazapá.

Para valorar cuanto hoy se ha inaugurado con la presencia del presidente Mario Abdo Benitez en el departamento de Caazapá habría que arrojarse al abismo de Mburicá Potrero (Buena Vista, desde 1916) condensada en una novela, “Mburicá Potrero”, Premio Augusto Roa Bastos 2019, portal hacia lo desconocido del país que es el nuestro.

Hoy Caazapá, como expresara el ministro Arnoldo Wiens, está integrado entre sus comunidades y con el resto del país; hoy deja de ser “el departamento mediterráneo”, nunca mejor definido porque, en verdad, todo el departamento física y políticamente estuvo aislada por generaciones.

Solo quien es atrapado por la creciente del Ñurundiay sabe cómo cruzar el campo y los caminos cubiertos de agua por kilómetros; conoce los peligros de atravezarlo remando apenas una batea.

Por eso los caminos asfaltados y los puentes hoy inaugurados tienen mucho valor para los caazapeños mientras que para otros, lo del presidente y comitiva hoy en la zona es apenas la razón para unas crónicas periodísticas ni siquiera profundizadas.

“Con el tiempo surgieron otros caseríos cercanos en parajes que se dieron en llamar Ñurundiay, Yapepó, Hugua Pucú, Miranda Cué, Torres Cué, Santa Rosa, San Ramón, San Agustín”, se lee en la novela paraguaya.

“El villorio – añade – se convirtió en pueblo de hacheros, obrajeros y alzaprimeros porque la madera de sus bosques ya tenía el precio fijado por José Fassardi, el patrón italiano, cuyo aserradero está instalado más al norte, hacia donde está la vía del ferrocarril”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here