Con argucias y picardías, mayoristas dejan de comprar cebolla paraguaya

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Un caso curioso, adobado de argucias y picardías, es lo que ocurre en la cadena de producción y comercialización de hortalizas y en el cual, todo hace presumir, echó al ministro de Agricultura y Ganadería perjudicando a los productores de cebolla.

Las hortalizas se importan cuando la producción interna no responde a la demanda del mercado.

Cebolla de Caaguazú, producida bajo riego, en cosecha cuya venta es incierta.

Para realizar la importación la Aduana exige un permiso conocido con la sigla AFIDI (Acreditación Fitosanitaria de Importación) expedido por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal (SENAVE).

En la cadena de la producción y del comercio de las hortalizas están los importadores legales e ilegales, un mundo en el que todos se conocen entre sí. La comercialización de los productos legales e ilegales se concentra en el Mercado Central de Abasto.

Al parecer – de acuerdo a denuncias de cebolleros de Caaguazú, cuya cosecha ahora debían ingresar al mercado asunceno – algunos importadores, con habilidad y picardía, lograron llegar hasta el ministro de Agricultura y Ganadería a quien entregaron un “reconocimiento por su destacada gestión en apoyo a la producción nacional y su mediación entre productores paraguayos y la ASICOPASE”.

Detrás del “reconocimiento” vino la sableada feroz: pidieron permiso para la importación de cebolla acaso informando al ministro que todavía no hay cosecha paraguaya, cuando que en verdad hay cientos de miles de kilos listos para la cosecha y el envío a los distribuidores mayoristas del Mercado de Abasto.

El ministro ordenó, afirman productores de cebolla, que se otorgue el permiso de importación a los despabilados y sagaces mayoristas del mercado mientras los productores quedaron hablando en griego antiguo sin poder vender sus cosechas porque aquellos consiguieron la licencia en tiempos en que debían de haber comprado la cebolla paraguaya.

La infortunada medida crea conflictos entre los importadores legales y los contrabandistas, por un lado y; ningunea a los productores, por el otro.

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