Los hechos avalan y aprueban la gestión sanitaria de este gobierno

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Efraín Martínez Cuevas

Siempre digo, como periodista y ciudadano de a pie, que si acusamos debemos hablar con pruebas irrefutables, de lo contrario no pasamos de ser sino charlatanes, libertinos, irresponsables y difamadores. 

Si decimos que Julio Mazzoleni, a propósito de la pandemia,  es inútil y ladrón hay que probar que es así. Si se comprueba la incriminación significa que se está hablando bien, con la verdad. Quien desee pensar bien, como dice Balmes, habrá de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas que permitan, por ejemplo, demostrar que este hombre viola la ley.

¿Cómo es posible pensar que nada menos que el gobierno estadounidense apoye el programa sanitario con donaciones tras donaciones si el ministro de salud es un “ladrón e inútil” como algunos gustan acusar?

Si se dice de Mazzoleni que es un ministro inútil, se colisiona contra la verdad porque si así fuera hoy el sistema sanitario no hubiera estado preparado para recibir centenares de infectados en sus hospitales públicos, como, sí, fue hasta los primeros 60 días de la emergencia.

Si Mazzoleni (y el presidente de la República, por añadidura) roba ¿cómo es posible que sobran más de 400 millones de dólares de los 1.600 millones prestados?, si robó un poco ya podía haber robado todo y repartirse entre todos.

El programa sanitario de este gobierno no hubiera recibido tanta solidaridad del mundo entero y, menos, reconocido por los más prestigiosos medios de prensa, si al frente del operativo de emergencia habían ineptos y ladrones.

Si la plata “se comió todo luego”, como libertinamente algunos afirman, ¿cómo fue posible construir esta obra y otras para encarar a la pandemia? No nos detengamos a defender personas, que también merecen si lo hacen bien, sino a la verdad.

Ahora bien, es verdad que en el marco de la pandemia hubieron funcionarios que se las querían pasar de listos, sobrefacturando aquí y maquinando  más allá. Todos esos empleados públicos están afuera. “Serán de mi confianza hasta que den señales de deslealtad”, dijo más de una vez el propio ministro de Salud.

El poder siempre es tentación para que los más débiles transgredan las normas, como el viceministro de Salud sorprendido en una fiesta sin tapabocas, alejado de lo que tanto pregonaba como alto referente de la cartera de Estado.

Pero en medio no solo de la pandemia provocada por el virus sino por la impunidad que permea todas las capas sociales de nuestro país, no se puede demostrar que Julio Mazzoleni es un inútil y ladrón.

Nadie le puede sacar en cara nada, por el contrario, pareciera, sí, que quienes fueron tocados por el rigor del mismo presidente de la República, al dañar determinados negocios que intentaban realizar a cuentas de la emergencia, hoy actúan con saña contra el presidente, el ministro y todos aquellos que solo busquen la verdad.

No defiendo ni a Mazzoleni ni al presidente ni a nadie. Defiendo la verdad, sobre todo en estos momentos en que todos deberíamos actuar solo contra el covid-19 y no sacarnos los ojos unos a otros sin ton ni son.

Y, al fin de cuentas, la verdad debemos defender con o sin pandemia, con o sin Marito en la presidencia, en años pares e impares, aquí y en cualquier parte del mundo. Alguien debe defender y practicar la verdad.

Hasta anoche se tienen 312 internados y 71 en UTI a raíz del coronavirus ¿Faltan camas?, no, pero puede faltar y para que eso no ocurra se sigue equipando los hospitales.

¿Faltan respiradores?, no. ¿faltan insumos?, ¿oxígeno?, ¿médicos?, no. Esto es lo importante en la emergencia. Estamos preparados para seguir haciendo frente a las responsabilidades sanitarias, ¿o estoy mintiendo?, no puedo mentir si las pruebas están a la vista.

Está visto que el recto entendimiento es imposible torcer como algunos intentan desde ciertos medios de prensa y las redes sociales. Si no hay sentido común en las acusaciones los pensantes ignorarán sus ataques.

El autor de El Criterio, Jaime Balmes, escribió que no hay filosofía que excuse la falta de sentido común y que mal llegará a ser sabido quien comienza por ser insensato. Es de insensatos y difamadores acusar como libertinamente no pocas personas actúan entre nosotros. Eso también está comprobado, con pruebas irrefutables.

 

 

 

 

 

 

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