En San Joaquín, agricultores deciden tecnificarse y empiezan a ganar dinero

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Dionisio Páez tiene clara la película: trabajando solo con la asada y la carreta no podrá escapar de la pobreza. Él afirma que desea seguir siendo humilde pero  pobre ya no. Por eso cambió de chip y hoy busca aliarse con la tecnología para trabajar la chacra. 

Ayer y hoy, pobreza y abundancia, fornido símbolo gráfico de San Joaquí, Caaguazú, donde muchos agricultores apuestan a la tecnología para trabajar la chacra. El tractor es prestado por la Gobernación de Caaguazú.

Páez (foto de portada) es de San Joaquín, Caaguazú, donde la actividad principal es la pequeña agricultura. Su idea es no crecer solo sino con otros por eso va juntando a sus conocidos y amigos y hablan de lo que les conviene como productores rurales: trabajar mejor para ganar mejor.

Andando logró contactar con la Unión de Gremios de la Producción (UGP), el Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), el Ministerio de Agricultura y Ganadería sectores desde los cuales reciben él y sus vecinos las primeras orientaciones para mejorar el uso del suelo, la elección de semillas y especies a trabajar, crear infraestructuras, crecer trabajando otros rubros rurales, etc.

Así formaron la Asociación de Productores Tajy Poty de San Joaquín, integrado en su mayoría por agricultores jóvenes.

Ignacio Vera destroncando su chacra para la siembra directa de granos durante todo el año.

De mantenerse amarrado, como muchos, a ideologías políticas improductivas que solo benefician a a determinados líderes, se sacudió observando cómo otros agricultores inmigrantes crecen y él no.

Lo primero que hizo fue escuchar atentamente a los que se dedican a la producción de granos (soja, trigo, maíz, canola, girasol), observó cómo trabajan y sobre todo se interesó en el empeño ejercido para lograr los objetivos.

Un buen día, desde 2012, aproximadamente, también decidió plantar soja con los implementos tradicionales, con la orientación de los técnicos de la UGP, cosechando manualmente. A propósito, la UGP, incluso les provee semillas.

Le fue bien en la chacra, no así con las organizaciones de la zona manejadas por quienes se oponen a la producción del grano, incluso la municipalidad local que les restringe el uso de máquinas para fumigar los cultivos. Pero nunca se desalentó.

El señor Sena de Guajho, San Joaquín, compró su primer tractor manejado por su hija, María Belén, en la chacra.

Él y otros vecinos ya han avanzado bastante, sobre todo en la cultura laboral. Cada uno ya piensa solo en la mecanización, así sigan usando la carreta como medio de transporte de las cosechas hasta que tengan el dinero con qué comprar sus implementos modernos.

La autoridades departamentales, como la Gobernación, lo mismo que las empresas vinculadas a la producción granera, al verlos guapos y perseverantes, prestan su apoyo para que los vecinos encaren también otras tareas rurales, como ensilaje de modo a trabajar en la tambería y la cría del ganado menor y de aves.

Los últimos tiempos de la carreta en San Joaquín, los tractores vienen marchando hacia las chacras de los agricultores que prefieren la tecnología que la tradición.

Hoy ya hablan de siembra directa, de créditos, de pagos, de tractores (uno de ellos obtuvo una buena cosecha de chía con lo que pudo comprarse su primer tractor). Ante el éxito, los hijos de estos productores se entusiasman, ven productiva la tierra y ayudan con más bríos, como Maira Belén Sena, que maneja con maestría el tractor del padre en la chacra, en la compañía Guajho.

San Joaquín vive su metamorfósis productiva, los tractores empiezan a rugir entre los mugidos de bueyes que todavía tiran las carretas y algunos arados a mancera. Ayer y hoy. Primitivismo y modernidad colisionan y disputan por protagonizar la agricultura en aquellas comarcas caaguaceñas. Felizmente, al decir de Páez, la buena voluntad que atrae a la inteligencia está ganando la batalla.

 

 

 

 

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