El fecundo norte sobre los quebrachales del Chaco paraguayo

0

El Chaco es una rebelión de vientos, de arenas lastimando pieles, del polvo que bloquea poros y crea barros con el salitre copioso. Es revuelta constante de ventiscas matutinas y vespertinas y de sus siestas gárrulas jaspeadas de revoltosas tolvaneras.

Y cuando el sol se pierde a lo lejos, más allá de Los Andes, y calma el fogoso viento norte, los más crueles de los insectos, los mosquitos, se sueltan en bandadas sediciosas con los polvorines por cómplices desde los insondables viñales.

El polvo chaqueño, talco fino y atrevido que abraza todo, todos los días porque así es el Chaco Boreal, desierto al que ganó el hombre guapo.

Leguas y leguas de samuhúes y quebrachales, de interminables planicies ataviadas de empolvoreados yuqueríes y de gualdas aromitas.

Sabanas del aborigen manso y del guapo gringo que apechugan día a día al territorio inclemente, al más agraz de los zancudos y al norte que pareciera haber montado su reino en esas lejanías de la patria.

Nativo y gringo con los ánimos también embotados pero no adormecidos siguen poniendo brazos, siguen sumando bríos.

Norte, príncipe y flor de liz de los 12 vientos. Señor del Chaco Boreal paraguayo, consentido de Eolos y Poseidón; potro de fuego, turbonado; desparramando talcos, intimidando reptiles, remangando aves y mamíferos hasta las fangosas orillas de las aguadas, las de las pesadas emanaciones.  El feudo del polvo, del olvido, del desierto.

Chaco puro, nativo norte, praderas desafiando valientes.

De pronto la turbonada, el fresco remontado de hacia el río Paraguay en fresco escuadrón hacia el arisco y alto muro del norte. Relámpagos y truenos en medio del chubasco. Los átomos se vuelven luces, relámpagos y rayos. El trueno se desparrama. Llueve sobre las colonias y sobre las chimeneas desamparadas de Pinasco y sobre las huellas de la guerra, marcadas por las cruces guardianas de treinta mil valientes caídos en defensa de la tricolor bandera.

El viento norte chaqueño se hizo amante de la lluvia nocturnal, la llenó de pasiones y cuando el alba comenzó en calma, las charatas entonaron su atronador himno anunciando que la tierra madre de este Chaco de nuevo fue mujer, de nuevo fue fecundada.

(Efraín Martínez Cuevas, Redacción Central diario digital Cuarto Poder). 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here