El trabajo serio desarrollado por el agricultor Juan Carlos Yaharí

0

Mientras otros juegan al “piki”, Juan Carlos Yahrí (30) planta soja, kuratú, pimiento, maíz, mandioca, cría aves y cerdos, busca mercado, ayuda a sus vecinos a organizar trabajo y todavía tiene tiempo para disfrutar de la paz y la armonía en familia. 

Cosecha de kuratu de la chacra trabajada por Juan Carlos Yaharí y su padre. Cada kilo vende a 10.000 guaraníes.

Su chacra y su vivienda están en un paraje de la compañía Malvina, a siete kilómetros de San Joaquín, zona este, a cinco kilómetros del Cerro San Joaquín, departamento de Caaguazú. Allí trabaja con su padre, de sol a sol, como los que pillaron que solo con el trabajo constante y duro se puede progresar.

Juan Carlos es el secretario de la Asociación de Productores “Tajy Poty”, integrada mayoritariamente por socios jóvenes, todos guapos que piensan que con solo la yunta de bueyes tirando del arado a mancera  no podrán salir de la pobreza; nueva camada de agricultores que, en alianza con la técnica, pone manos a la obra y le va bien.

Peyupá, Toro Acá, Malvina, son rincones paraguayos, entre las sierras de San Joaquín, que de su estado de pobreza y miseria hasta unos ocho años atrás hoy muestra otro rostro, el de los agricultores llenos de confianza, autoestima, tenacidad como en Juan Carlos Yaharí que piensa como sus amigos y vecinos que la tierra es benigna en la medida que se la cuide y se la use; que la agricultura permite vivir mejor a quien la trabaja si la perseverancia es parte de sus conceptos.

El pimiento listo para entregar al cliente. La guapeza de Juan Carlos Yahari se convierte en dinero y este, a su vez, le permite el bienestar merecido.

Este joven como otros han sufrido por el año 2012 el acosó de campesinos nucleados en la llamada Federación Campesina que no les han permitido sembrar soja y ni usar pulverizadores mecanizados y que para bloquearles, ¡insólito!, hasta el intendente de la zona, Alcides Sosa, ayudó con logística para ese perverso fin. Sufrieron mucho daño. Pero soportaron el tornado y hoy son exitosos pequeños agricultores, entre ellos, el agricultor que motiva esta crónica.

El nuevo modelo, completamente instalado en la comarca, rige entre los agricultores, quienes se dejan guiar por el técnico que, en el caso de Yaharí es Dario Montiel, de unos 30 años de edad y que también tiene su chacra en esa jurisdicción.

Juan Carlos y su hijo, en la chacra. Nuevos pensamientos del campesino paraguayo para producir mejor. Nuevos modelos en alianza con la ciencia.

Buena semilla, tratamiento adecuado del suelo, siembra oportuna, manejo de la oferta y la demanda, son partes del razonamiento que inducen a este joven productor a trabajar en la capuera. Desde luego, sus ideas están concentradas a la mecanización como factor determinante para mejorar y aumentar la cosecha.

El trabajo intenso y serio en la propiedad (25 hectáreas) trabajada con el padre no le da tiempo para recostar la silla contra el horcón de la casa a las tres de la tarde, ni para el “piki” ni otros entretenimientos. Hay una familia que merece vivir mejor y que, por tanto, le obliga a dedicar su entusiasmo y sus fuerzas jóvenes al trabajo en la sementera.

Eso sabe Juan Carlos Yaharí, lo practica todos los días y al ver la sonrisa de su padre y la de su hijo también él se pone feliz y afirma “jaha pora hina”. El trabajo serio es el camino para llegar a ser feliz.

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here