Los vivos y gratificantes sonidos de la casa del campesino trabajador

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El gallo, las gallinas, las guineas, el caballo, la vaca el ternero, junto a las aves menores que ocupan los árboles del patio hacen que, sobre todo a la mañana, cuando el sol se asoma, la casa del campesino trabajador se llene de sonido, de alboroto, de pura vida.

Será, como siempre, el gallo quien arranca con su tococoro´o, sonoro y penetrante, desde lo alto del aseladero iniciando una reacción en cadena de cantos que cubre toda la comarca. Amanece sobre las viviendas de los campesinos de esta implícita circunscripción paraguaya.

Desde temprano, el jefe de familia busca en el depósito el alimento de los animales. La faena diaria en la casa del campesino emprendedor ha comenzado.

Seguirán los gorriones y los torcaces, mientras el buho desde la cima del poste, pronunciará su postrer ululato tras su larga jornada nocturna cazando roedores, insectos y lagartijas.

Luego los pollitos detrás de la madre clueca rebuscándose en los alrededores del galpón de granos. De inmediato los cerdos con sus desesperados guarridos. Y el ternero. Y las guineas.

Lo cotidiano de cada amanecer en las casas de los agricultores que observan con optimismo el nuevo día.

En la cocina la leña crepita bajo el trébede del hogar y el agua en la pava entra en furiosa ebullición. El humo de la madera quemada trepa por sobre el techado de la cocina sumando el  del azúcar mezclada con la yerba juntados en el plato de losa que recibe las brazas del leño añadiendo protagonismo matutino a la casa mientras el sol se asoma por detrás de la lomada.

Humo, jarana y un ir y venir de los miembros de la familia. Aroma de leña y de la infusión nativa.

La esposa ordeñando la vaca, el esposo alimentando a los marranos que no dejan de causar tumulto en el chiquero de tablas, los hijos encargándose de las aves de corral que ya descendieron todas del dormidero.

Terminan de comer y beber todos los animales, incluyendo la lechera, el caballo, las ovejas y las cabras.

El desayuno, el cocido, con la leche recién extraída de la abultada ubre de la vaca, el mbeju mestizo aromado y caliente, está listo en la mesa,servido después del mate que fue pasando de una a otra mano mientras las primeras rutinarias tareas se cumplen.

La casa de llena de voces, de sus voces, el ama de casa levanta los cubiertos de la mesa, el hombre, al rutar, se cala el sombrero, toma sus herramientas y se marcha a la chacra.

 

 

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