Los parlamentarios paraguayos leen mucho, poco o nada?

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El parlamentario tiene por oficio hablar, pero hablar bien, con fundamentos e inspiraciones. El parlamentario debe ser un catecúmeno de los asuntos ciudadanos y para cumplir con ese rol debe saber. Para saber no es necesario, indefectiblemente, el título académico, aunque no vendría mal, sino desear saber, dejarse llevar por la vocación del aprendizaje. 

Si leemos y aprendemos los logros y fracasos anteriores de civiles y militares paraguayos seremos mejores ciudadanos y el país también será mejor.

El que habla bien, con sabiduría, no se engaña a si mismo ni a los demás. La erudición, sobre todo el ejemplo encontrado en quienes ejercieron y ejercen la verdad, les hace fiables, íntegros, leales, probos.

¿Por qué nos equivocamos tanto?, Balmes responde diciendo que se da por no conocer la verdad, ¿y qué es la verdad sino lo contrario de la ignorancia? La ignorancia, pues, es el camino andado equivocadamente y que nos aleja del entendimiento.

La lectura de estos dos libros ayudan a las nuevas generaciones paraguayas a no equivocar el camino. El político que habiendo leido comete errores ya será por propia voluntad, por ningunear las experiencias.

Cuando el parlamentario da la espalda a la ciudadanía adoptando medidas que solo sirven para el provecho propio y/o de ese casino no estamos ante el político que maneja los asuntos del estado conocidos a cabalidad, al igual que su misión ante la ciudadanía.

¿Cómo crear leyes justas amando a la nación si predomina en el parlamentario su interés y/o de su grupo? No hay forma y si las crean, carecen de credibilidad, no inspiran respeto. Por eso se dan las violencias, porque la ley la gestó quién no merece confianza alguna.

Ni liberales ni colorados que intentan ser parlamentarios no deben dejar de aprender del insigne estadista Manuel Gondra. Por la conducta notada en los congresistas da la impresión que jamás se les antojó saber, quizás, ni dónde nació este gran hombre.

¿Leen los parlamentarios?, seguro que sí. Algunos deben ser hasta devoradores de libros ¿Los liberales de Diputados y de Senadores ojean los ensayos de Manuel Gondra, Cecilio Báez, Justo Pastor Benitez y se inspiraron en ellos?

El político que haya leído sobre la revolución de 1904 y aprendió la corrupción no es buena consejera, jamás dará su voto a la corruptela porque esta no produjo solo la caída del Partido Colorado sino marcó el inicio de varias guerras civiles que sepultaron a la nación.

¿Los colorados del Congreso Nacional leyeron a Miguel Angel Pangrazio, Blas Garay, Natalicio González y se sintieron insuflados por sus pensamientos republicanos?

El senador que vota para defender al “cuate”, al “duqui”, al “socio”, “al correlí” marginal, ¿leyó y aprendió alguna vez las causas y las consecuencias de la revolucióin de 1904? Pregunto también si colorados y liberales leyeron – libros hay de sobra – sobre los gobiernos liberales desde 1904 hasta 1940?, ¿aprendieron lo bueno y lo aplicaron?, ¿aprendieron lo malo y rechazaron?

Que el Congreso Nacional esté vacío de ignorancia, eso sueña el paraguayo que deposita el voto por cada uno de los congresistas. Ignorancia que solo sirve para gestar el envilecimiento parlamentario.

Consulto como quien nada sabe si diputados y senadores han bebido de las experiencias de Arturo Bray, cuya suficiencia expone en su invalorable “Militares y civiles” de modo que sabiendo lo bueno y malo ocurrido tiempos atrás con los paraguayos protagonistas de las milicias y de la política repitan lo bueno y entierren lo malo.

El parlamentario que haya bebido de la sabiduría de Gondra, Bray, Pangrazio, Benitez, Báez, González, Eusebio Ayala jamás tolerará la indecencia, la corrupción personal y colectiva y entenderá siempre que ocupa una banca en representación del pueblo a quien se debe y no para amparar a la corrupción y al corrupto de la tertulia parlamentaria.

El parlamentario no puede ser catecúmeno de las cosas buenas y útiles si desvió el camino. Y jamás lo ladearía si a través de los libros aprendió la buena enseñanza de aquellos colorados y liberales.

Es evidente que algunos, quizás varios, del Parlamento desconocen la calidez de un libro, por eso las conductas que provocan la exasperación de la ciudadanía. Son parlamentarios fríos, siniestramente fríos, un páramo de amnesia.

(Efraín Martínez Cuevas, desde la redacción central del diario Cuarto Poder). 

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