El Chaco se prepara para recibir a los migrantes que deseen trabajar en paz

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Llegó la hora de pensar seriamente en mudarnos al Chaco, ahora que las rutas se van asfaltando y el tendido eléctrico llegará hasta la frontera con Bolivia. La Región Occidental es mucho más grande que la Oriental. Somos unos 7.000.000 de habitantes en Paraguay y solo unos 130.000 viven en ese espacio enorme del territorio.

Invasiones del patio ajeno no es novedad en la región Oriental no así en la Occidental. Si los lugares para trabajar y radicarse son cada vez menos en esta parte de la nación, la Oriental, nos preguntamos si por qué no se opera con firmeza para que tengamos nuevas unidades productivas y asentamientos poblacionales en el Chaco.

Las estancias ganaderas ocuparán los espacios disponibles en el “infierno verde” de otros tiempos si los de la región Oriental no se animan a poblarlo.

El Chaco paraguayo es de los paraguayos y como paraguayos debemos responsabilizarnos de su explotación y de la creación de nuevos núcleos urbanos.

Con toda la infraestructura vial encarada con tenacidad en la región Occidental alienta a pensar seriamente en ocupar esa extensa planicie.

Si los menonitas se introdujeron en el Chaco hace casi 100 años cuando no había nada más que peligro en esa inmensidad, ¿por qué no ahora con los paraguayos?, ¿a qué se teme? Demostremos desde la individualidad de cada uno de nosotros que somos de verdad “la raza guaraní” y encaremos el compromiso por encima de las frases hechas.

Ocurren las invasiones del patio ajeno porque no organizamos un responsable como sólido plan de asentamiento desde el mismo Estado. Un plan que debe incluir todo: producción, salud, vivienda, educación, red vial, energía eléctrica, etc, sobre lo que desde el gobierno se viene trabajando con insistencia.

Los compatriotas que migraron al Chaco y se adaptaron a su clima, difícilmente vuelvan a a sus lugares de origen porque en el Chaco ganan dinero y, sobre todo, disfrutan de su paz, adecuándose a las exigencias de la naturaleza de esas tierras.

Quién va al Chaco descubre el valor de la tranquilidad, porque ahí, hablando mal y pronto, el tiempo vale nada; en su vastedad no tiene sentido hablar de un miércoles, o de un domingo, o feriado, o domingo. En el Chaco existe una suerte de frontera entre su realidad y el tiempo y el espacio.

¿Cómo no decidirse, pues, a colonizar las tierras defendidas con la sangre de 30.000 paraguayos, la de nuestros valientes abuelos? Si estos pusieron el pecho por nuestro Chaco fue para que hoy no hayan invasiones, ni necesidades de sitios para producir. Defendieron el Chaco para que hoy seamos más felices. Vamos al Chaco, y seamos felices…

(Efraín Martínez Cuevas, desde la redacción Central de Cuarto Poder). 

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