Clorida, Formosa, nuestro almacén ramos generales

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Clorinda, Formosa, República Argentina, está más cerca de Asunción, que esta de Luque, San Lorenzo y Limpio. Deben ser pocos los asuncenos que no hayan cruzado el río y visitado esa ciudad, que, hablando mal y pronto, es el “almacén ramos generales” de miles de paraguayos.

El puente peatonal que une Clorinda con Nanawa. Constante ir y venir. Clorinda es un enorme almacén donde se vende de todo.

Clorinda era el nombre de una señora que cuidaba de un niño, que no fue su hijo, pero que lo amaba como a un hijo. En Wikipedia se encuentran los antecedentes. Aquel niño será, ya adulto, el primer comprador de las tierras del lugar y que luego colonizó. Le puso por nombre el de la mujer que lo cuidó, Clorinda.

El pueblo ribereño se fundó en 1912. Su influencia es mayoritariamente paraguaya. En la ciudad se habla el guaraní el castellano y; los giros idiomáticos, las costumbres son paraguayas, los clientes de sus comercios son generalmente las “paseras”, las que vuelven a vender en almacenes y despensas un tendal de productos. Estar en Clorinda es como estar en un pueblo de Paraguay.

En plena frontera, los puestos aduaneros. Puerto Falcón, Paraguay y; Puerto Pilcomayo, Argentina.

Clorinda, la de las calles de lodo negro. La de la balsa cruzando el río Paraguay de una a otra orilla desde Itá Enramada y, claro, de las lanchas y canoas y van y vienen de ribera a ribera.

Tal es la relación de los (mejor las, porque son las mujeres las que cumplen mayoritariamente ese rol) compristas de Asunción y Gran Asunción, que Clorinda no está al otro lado de la frontera, sino aquí, cerca, a diez kilómetros en línea recta, de la capital paraguaya.

Cuando el puente “Defensores del Chaco”, entre Asunción y Chaco í se termine de construirse ir a Clorinda, pasando por Nanawa, (ex Puerto Elsa) no demandará sino unos 15 minutos en coche.

Tal era la influencia de esa comunidad formoseña cobre el comercio asunceno que dos lugares de la capital paraguaya, que concentraba muchos negocios en un pequeño espacio llevaban ese nombre, “Clorinda´i”, estaban ubicados sobre las calles General Díaz, uno y; sobre Perú, otro. Ambos ya desaparecieron.

Lo que no desaparece es la atracción que ejerce Clorinda por sus ofertas. Por eso decimos, es el almacén ramos generales de los asuncenos, sobre todo de los barrios de la capital y de otras ciudades vecinas.

Clorinda es la ciudad donde la siesta se respeta a rajatablas. Cuando son las 12, los negocios se cierran y contra el rigor no hay tutía. A los clorindenses no les importa que en Asunción ya no se duerme en la siesta. Problema de los paraguayos, dirían. A las cuatro de la tarde, vuelven a abrir las puertas.

Clorinda es una ciudad con 52.000 habitantes, pero sus costumbres son puebleras, tranquilas, así los compradores agiten sus calles en las intensas horas de la mañana.

Clorinda es una prolongación de las costumbres paraguayas, es un rincón argentino con aroma a cocido, chipa caliente, de jazmines, de mate y tereré y, donde el idioma heredado de los carios facilita acordar el negocio mostrador de por medio antes que cante un gallo.

(Efraín Martínez Cuevas, Redacción Central de Cuarto Poder). 

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