En la compañía Costa Norte de Nueva Germania, el tiempo parece haberse detenido en el patio de una antigua casa paterna. Allí, entre surcos de hortalizas que hoy lucen cansados, Federico y Máximo Schweiger, de 81 y 87 años, resisten al olvido.
Hijos de inmigrantes alemanes que llegaron al departamento de San Pedro con el sueño de labrar la tierra, estos hermanos se han convertido en el reflejo vivo de una historia que hoy sobrevive gracias al corazón de sus vecinos.
Verlos conversar es presenciar un puente cultural único: en un instante hablan en un fluido alemán y, al siguiente, cambian al guaraní para relatar las vivencias de su día a día. Sin embargo, detrás de esa fascinante dualidad se esconde una realidad desgarradora. Completamente solos y sin familiares que puedan velar por ellos, los hermanos Schweiger dependen hoy casi por completo de la caridad y la solidaridad de la ciudadanía para poder subsistir.
Aunque ambos forman parte del programa estatal de pensión alimentaria para la tercera edad, ese dinero se esfuma de inmediato entre recetas médicas y farmacias. Los achaques de los años los obligan a destinar casi todo el beneficio a la compra de remedios, dejando la mesa vacía y los estómagos a merced de lo que las almas generosas les acerquen. Federico confiesa con total franqueza que, si no fuera por las manos solidarias de la comunidad, su situación ya sería insostenible, pues sus cuerpos cansados ya no responden para las duras tareas del campo.
Hasta hace poco, el esfuerzo diario les permitía mantener una huerta productiva, pero la avanzada edad terminó por ganarles la pulseada y la producción frutihortícola disminuyó drásticamente. Para colmo de males, la delincuencia no tuvo piedad de su vulnerabilidad: recientemente les robaron la motosierra con la que preparaban leña de su propiedad, el único medio que les quedaba para generar un pequeño ingreso extra. Con una dignidad admirable, Federico hace un llamado a la comunidad con la esperanza de conseguir una motosierra, aunque sea usada, para volver a trabajar junto a su hermano.
Para quienes sientan el llamado de apoyar a estos venerables abuelos con alimentos, medicamentos, abrigos o ayuda económica, se ha habilitado la línea telefónica (+595) 0987 418600. Cada pequeño gesto cuenta para devolverle un poco de tranquilidad y abrigo
Fuente: Sergio Escobar Rober/ ABC Digital


