Hay personas que nacen con talentos extraordinarios, y luego está Claudia Celeste Núñez Torres, quien aparentemente domina el arte de la invisibilidad burocrática o, en el mejor de los casos, posee un don místico para trabajar en todas partes y en ninguna a la vez. Madre del diputado Mauricio Espínola y funcionaria del Instituto de Previsión Social (IPS) desde los nostálgicos años noventa, doña Claudia se ha convertido en el enigma más fascinante de la Municipalidad de Villeta, donde figura como flamante directora de Relaciones Interinstitucionales.
Resulta que un equipo periodístico de Unicanal se tomó la molestia de buscarla en su supuesto lugar de trabajo durante dos largas semanas. Los reporteros, armados de paciencia y calzado cómodo, jugaron al escondite por todas las dependencias municipales: pasaron por la Secretaría de la Juventud, se asomaron al Teatro Municipal, revolvieron la Secretaría General y hasta husmearon en el área de Cultura. ¿El resultado? Un rotundo cero. Claudia no estaba. De hecho, al preguntar por ella, una funcionaria local soltó con total naturalidad un revelador «ella no cumple funciones acá», mientras otra fuente, un poco más optimista, ensayó un tímido «viene algunos días».
Desde la Secretaría General salieron al paso con una explicación que roza lo poético: la directora cumple una jornada de seis horas, pero su cargo es tan «interinstitucional» y dinámico que casi siempre está «afuera», realizando gestiones invisibles pero vitales en el más allá municipal. Para rematar la mala suerte del día de la inspección, la jefa directa aclaró que la funcionaria justo había avisado que llegaría tarde por culpa de un inoportuno cuadro gripal. Curioso virus que parece durar dos semanas y coincidir exactamente con las visitas de la prensa.
El meollo de este divertido asunto no es solo el paradero de la señora, sino el maravilloso sistema de control que la ampara. Mientras el resto de los mortales de la comuna debe lidiar con el implacable reloj biométrico digital que exige la ley para los comisionados, Claudia se maneja con la vieja y confiable planilla de papel firmada a mano a fin de mes. Una suerte de pacto de caballeros (o de secretarias) donde se certifica que asiste religiosamente de 7:00 a 13:00, aunque los ojos de los periodistas digan todo lo contrario.
Al ser finalmente localizada, Núñez Torres defendió con uñas y dientes su labor, aclarando de paso que no gana los 12 millones de guaraníes que las malas lenguas rumorean, sino «apenas» unos 8 milloncitos como jefa de sección del IPS. Aseguró tener muchísimos proyectos en carpeta y reiteró que su oficina es la calle. Mientras el IPS sigue pagando el salario y Villeta sigue firmando los papeles con los ojos cerrados, el país aguarda con ansias que la transparencia deje de ser un fantasma de oficina y se convierta, por fin, en un documento verificable.
Fuente: TribunaParaguay


