Presentar un plan anticorrupción cuando varios de tus aliados tradicionales arrastran un rosario de cuestionamientos municipales es, cuanto menos, un ejercicio de alta acrobacia política. Para evitar que la foto de la jornada hablara más del pasado que del futuro, la estrategia electoral en el equipo de Soledad Núñez fue drástica pero calculada: mandar al freezer a la tropa liberal de la Junta Municipal y salir a escena sin lastre a la vista.
En la mesa principal no hubo rastro de figuras como Humberto Blasco, Fiorella Forestieri y, muy especialmente, el inamovible Augusto Wagner, concejales cuya presencia habría convertido cualquier discurso de transparencia en una prueba extrema de paciencia para el electorado asunceno.
Sin el contrapeso de los caciques liberales en el encuadre, la presentación se redujo a la exposición de propuestas para la capital y al predecible condimento del show electoral: lanzar un desafío de debate cara a cara a Camilo Pérez. El tiro al candidato rival busca busca nivel el avispero electoral y forzar una confrontación directa para medir fuerzas en la arena pública.
La movida deja al descubierto la verdadera dinámica de la campaña capitalina: mientras por un lado se intenta esquivar el pegajoso abrazo de las estructuras de siempre para cuidar la imagen, por el otro se tiran puentes directos al rival de turno para ganar pantalla, dejando a los vecinos entre la intriga del debate y la sospecha de si la foto solitaria es una verdadera purga o un simple maquillaje de campaña.




