EL ASFALTO DE ASUNCIÓN TERMINA EN EL ESTACIONAMIENTO EQUIVOCADO GRACIAS A LA FACTURA DE UNA DIFUNTA

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No hay caso, en la Municipalidad de Asunción asfalto no solo tiene baches, sino también superpoderes: ¡puede aparecer mágicamente en canchas sintéticas y estacionamientos privados mientras las calles públicas siguen pareciendo la superficie de la Luna! Todo este truco de magia urbana quedó al descubierto gracias a una denuncia penal presentada por el concejal Pablo Callizo, quien destapó lo que ya se conoce popularmente como la «mafia del asfalto».

Resulta que la Dirección de Vialidad operaba una especie de «delivery» VIP de pavimento caliente. El modus operandi era digno de una comedia de enredos: los funcionarios municipales andaban de lo más hacendosos ofreciendo servicios de asfaltado a empresas y complejos deportivos privados en pleno horario laboral. Para la obra, usaban camiones oficiales, maquinaria del Estado y toneladas de asfalto pagado por los contribuyentes. Y para que todo cuadrara en los papeles, emitían facturas de una empresa de fachada llamada «AP Construcciones», cuya supuesta dueña es nada más y nada menos que una señora que ya pasó a mejor vida. Sí, leyó bien, ¡la proveedora del negocio era una difunta! Por si fuera poco, el teléfono de contacto de la finada daba directo al celular de un funcionario vivo y coleando de la propia municipalidad.

Hasta ahora se calcula que este «emprendimiento» causó un agujero de unos 500 millones de guaraníes, esfumando unas 140 toneladas de mezcla asfáltica que terminaron decorando un complejo deportivo en Itá Enramada y el estacionamiento de una conocida concesionaria de vehículos (Cóndor). Esta última firma saltó rápido a aclarar que ellos contrataron el servicio «de buena fe» a la constructora de la fallecida y que jamás sospecharon por qué los muchachos que tiraban el asfalto venían con uniformes y camiones con el logotipo de la Intendencia. ¡Cosas que pasan!

Mientras tanto, el ahora exdirector de Vialidad, Nicolás Duarte, aplicó la vieja y confiable táctica de lavarse las manos y culpar a sus subordinados. Pero la jugada le salió al revés: los obreros se indignaron tanto por el «atropello» que atrincheraron la planta asfáltica exigiendo su cabeza. Ante el griterío, el intendente Luis Bello tuvo que intervenir la dependencia y apartar al director, aunque no pudo evitar lanzar una frase para el bronce del humor nacional. Al final, en Asunción las calles siguen rotas, pero queda claro que para hacer negocios creativos, la gestión municipal nunca descansa en paz.

Fuente: ABC Digital 

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