DIPUTADOS SALVAN LOS SOBRESUELDOS DE LOS MINISTROS

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Mientras el país se distraía con peleas faranduleras en redes sociales, la aplanadora cartista en la Cámara de Diputados metieron un golazo en contra del ciudadano común.

Con una mano celebraron con bombos y platillos el «histórico» aumento del salario mínimo, y con la otra blindaron los jugosos sobresueldos de las altas autoridades del Estado.

Hagamos matemática pura para reír y no llorar. El mentado ajuste dejó el salario mínimo en G. 3.044.000 mensuales. Esta cifra no llega a ser ni la mitad de lo que los ministros cobran bajo el sutil concepto de bonificación por «responsabilidad en la administración». Hablamos de un «extra del extra» de G. 6.523.414 al mes, un plus que reciben solo por recordar que tienen obligaciones, algo que cotiza bastante alto en el mercado estatal.

Diputados rechazó un proyecto de ley que pretendía suspender este privilegio por lo que resta del año. El oficialismo consideró que obligar a sus secretarios de Estado a vivir con su sueldo base de 22 millones de guaraníes, más sus G. 4.093.655 en gastos de representación, era una crueldad inhumana. Sumando todo, cada ministro se embolsa mensualmente G. 33.017.069. En términos prácticos, el paraguayo de a pie que madruga para ganar el mínimo necesita trabajar casi un año entero para ver lo que un ministro percibe en apenas treinta días.

Entre los beneficiados de este generoso sistema se encuentran Luis Ramírez (Educación), María Teresa Barán (Salud), Tadeo Rojas (Desarrollo Social), Enrique Riera (Interior) y Claudia Centurión (Obras Públicas), entre otros altos cargos que necesitan este empujoncito económico para llegar a fin de mes. Si calculamos este plus de aquí a diciembre, el beneficio se traduce en un «triple aguinaldo» encubierto, obsequiando a cada uno unos G. 78.280.968 adicionales «de arriba». Para acumular ese dinero, un trabajador común tendría que sudar la camiseta durante más de dos años sin gastar un solo guaraní.

El rechazo de esta ley también le abre una puerta de oro al presidente del Congreso, el senador Basilio «Bachi» Núñez. Don «Bachi» se había visto forzado a renunciar a su propio plus de 21 millones de guaraníes en febrero pasado, cuando el horno no estaba para bollos y se hablaba de una «economía de guerra». Ahora que las aguas se calmaron y el proyecto de austeridad fue sepultado, nada le impide recuperar su jugosa bonificación para volver a inflar sus ingresos mensuales a la astronómica cifra de G. 63.302.850.

Lo verdaderamente trágico de este festín presupuestario es el destino que iban a tener esos fondos. El proyecto estipulaba que todo el dinero ahorrado en los extras de la casta política se destinaría directamente a comprar medicamentos e insumos médicos para los hospitales públicos, esos mismos centros donde los pacientes hacen milagros para conseguir una gasa. Al final, la aplanadora legislativa demostró cuáles son sus verdaderas prioridades: primero la comodidad de los jefes, y después la salud de la gente. Un tierno recordatorio de que el eslogan «ya estamos mejor» se cumple a rajatabla, solo que el sujeto de la oración es bastante selecto.

Fuente: ABC Digital 

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