MIENTRAS SE PREOCUPAN POR MBAPPÉ, NIÑOS INDÍGENAS ESTUDIAN BAJO HELADAS POR AULAS PROMETIDAS QUE NUNCA LLEGARON

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El invierno golpea con fuerza, pero en la comunidad indígena Yvy Apy Katu Potrerito, en el distrito de Ybyrarobaná, el frío no solo se siente en la piel, sino también en los cuadernos.

Allí, catorce niños se ven obligados a desafiar las heladas y dar clases a la intemperie, desprotegidos frente a las temperaturas extremas que azotan al departamento de Canindeyú. Su rutina escolar no la dictan los horarios tradicionales, sino el termómetro y el movimiento del sol: en los días más crudos, las lecciones deben retrasarse hasta que los primeros rayos traigan un alivio mínimo que les permita sostener el lápiz sin congelarse. 

Cuando llega el verano, la historia se repite a la inversa, buscando desesperadamente la sombra de algún árbol para huir del calor sofocante.

Esta dolorosa realidad no es un imprevisto, sino el resultado de casi una década de promesas rotas. En 2019, una fuerte tormenta terminó por derrumbar las precarias aulas de madera que los propios miembros de la comunidad habían levantado en 1993. Desde entonces, la Escuela N° 5.792 quedó reducida a un descampado. El profesor y líder comunitario, Emiliano Barrios Noceda, relata con impotencia cómo la burocracia prolonga el sufrimiento de sus alumnos. Aunque el Ministerio de Educación envió hace un año toda la documentación necesaria a la Municipalidad de Ybyrarobaná para la reconstrucción de las aulas, el proyecto sigue encajonado y las soluciones nunca llegaron.

Mientras los niños intentan concentrarse entre temblores y abrigos desgastados, las respuestas políticas brillan por su ausencia. Los pedidos de auxilio de esta comunidad, que subsiste a duras penas gracias a la agricultura de autoconsumo, chocan contra un muro de indiferencia institucional. El líder indígena denunció que intentaron en repetidas ocasiones conseguir una audiencia con el intendente local, César Machuca, pero el jefe comunal —más enfocado en las internas partidarias y salpicado por investigaciones fiscales por supuestas irregularidades en su gestión— jamás se tomó el tiempo de recibirlos.

En medio de este abandono y bajo el cielo abierto, catorce pequeños paraguayos siguen demostrando una valentía admirable, aferrándose a la educación como su única esperanza, aunque el propio Estado les dé la espalda en cada amanecer helado.

Fuente: ABC Digital

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