CUANDO EL RÍO SUENA, IPHONES Y ADELGAZANTES TRAE: EL INSÓLITO ASALTO QUE DEJÓ AL DESCUBIERTO UN REVOLTIJO CONTRABANDISTA

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La historia parecía sacada de una película de acción de bajo presupuesto: un camión blindado de caudales, de esos que uno imagina repletos de lingotes de oro o fajos de billetes, es emboscado en la Ruta PY08, en Yataity del Norte, por quince «piratas del asfalto» armados hasta los dientes.

Tras una espectacular lluvia de balas y una valiente maniobra de escape que terminó con el chofer refugiándose en la comisaría local, el misterio se mudó de la carretera a los papeles, dejando a los investigadores con la boca abierta y las cejas por las nubes.

Resulta que cuando la Policía, el Ministerio Público y los inspectores de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios abrieron con gran expectativa las 59 cajas de cartón que transportaba el imponente vehículo de la empresa Yrendagüe, esperanzados con encontrar el tesoro oculto, se toparon con un delirante cambalache. Nada de plata. El camión iba hasta el techo de teléfonos iPhone, Xiaomi y Redmi, perfectamente escoltados por perfumes, cremas faciales, anabólicos para ponerse musculoso y, para rematar el chiste, un cargamento de medicamentos inyectables para adelgazar.

La sorpresa no terminó ahí, pues los cotizados y delicados fármacos para perder peso, que por ley deben viajar con un frío polar para no echarse a perder, iban lo más campantes y sudorosos apretujados entre las cajas de los celulares de alta gama.

Para colmo de males, cuando las autoridades le pidieron los papeles del flete al chofer y a los guardias, estos se miraron las caras y confesaron que no tenían ni un solo ticket de supermercado que respaldara el origen de la mercadería, tirándole el fardo a otra empresa de encomiendas llamada Cometa del Amambay, que los había contratado para hacer el » delivery » interurbano.

La guinda del pastel la puso la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria, que al revisar el inventario de las pócimas mágicas confiscadas pegó el grito al cielo al descubrir que varios de los productos inyectables, como el famoso Retatrutide, ni siquiera tienen registro sanitario, son de venta ilegal y están catalogados como un peligro para la salud pública.

Así, lo que empezó como una denuncia de asalto tipo comando terminó transformándose en un dolor de cabeza judicial para los dueños de las transportadoras involucradas, quienes pasaron de ser las víctimas del atraco a quedar bajo la lupa por contrabando, evasión de impuestos, venta de remedios prohibidos y asociación criminal. Al final, todo el cotizado cargamento de tecnología y estética terminó bajo llave en un depósito fiscal, demostrando que en el mundo del contrabando paraguayo la realidad siempre supera a la ficción, y que mezclar iPhones con ampollas para la silueta en un camión de caudales es una receta perfecta para terminar cocinado ante la justicia.

Fuente: ABC Digital

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