El universo tiene un sentido del humor bastante retorcido, y en el Instituto de Previsión Social de Paraguay lo acaban de comprobar de la manera más insólita posible.
Resulta que el flamante director de Auditoría Interna del ente, el coronel retirado Walter Laguardia, se vistió de héroe anticorrupción y acudió formalmente a la Fiscalía para denunciar con bombos y platillos la desaparición de 111 metros de cables de un depósito de la previsional, un «mordisco» al patrimonio público valorado en unos 15.000 dólares.
Hasta ahí todo parece una ejemplar muestra de civismo y cuidado de los bienes públicos, digna de un aplauso de pie. Sin embargo, el fascinante «plot twist» (o giro de guion) no tardó en estallar en los pasillos estatales y las redes sociales como una bomba de estruendo. Y es que, según los archivos internos de las Fuerzas Armadas, el mismísimo militar y hoy implacable fiscalizador del IPS habría pasado a retiro de la milicia, años atrás, salpicado justamente por… ¡una denuncia de robo de cables dentro del ámbito castrense!
¿Es justicia poética, una burla del destino o simple especialización técnica? Lo cierto es que el hombre que hoy persigue con lupa a los «robacables» de la seguridad social aparentemente ya conocía muy de cerca el peso y la textura del cobre en sus épocas doradas de uniforme.
Mientras el auditor Laguardia defiende su gestión a capa y espada ante los micrófonos de la prensa local argumentando con seriedad que «así sea por un guaraní o noventa millones, el deber es denunciar», la ciudadanía no puede evitar descostillarse de la risa con la ironía. Al final del día, parece que en la administración pública paraguaya se aplica a rajatabla aquella vieja máxima popular: para atrapar a un verdadero amante de los cables, se necesitaba a un experto con muchísima «experiencia previa» en el rubro. ¡Salud por el cobre!
Fuente: Ñanduti


