Un hangar privado en el principal aeropuerto de Paraguay se convirtió en el escenario de una trama de película que combina lujo, audacia y un descuido insólito. Lo que parecía un viaje rutinario de ejecutivos extranjeros en un lujoso jet Bombardier Challenger terminó revelando un millonario cargamento de 261,6 kilogramos de «marihuana vip» o hachís, valuado en unos 3,6 millones de dólares. La aeronave, cuya sofisticación se refleja en el millonario costo de su alquiler —aproximadamente 150.000 dólares—, desató una intensa investigación criminal que ya cuenta con tres ciudadanos estadounidenses imputados por tráfico internacional.
La historia comenzó a gestarse cuando el imponente avión, proveniente de Miami y tras hacer una escala en Panamá, aterrizó en la terminal aérea. Sin embargo, la chispa que encendió las alarmas se dio poco después, cuando uno de los pasajeros estadounidenses regresó al hangar con la llave de la aeronave. Esta persona aseguró que necesitaba retirar unas cargas particulares de su interior y comenzó a traspasar unos pesados bultos directamente desde el avión hacia una miniván. El movimiento resultó tan atípico que el personal del hangar le solicitó someter los paquetes a los controles de seguridad rutinarios. Fue en ese preciso instante donde el plan comenzó a desmoronarse: el joven se negó rotundamente a la inspección, una actitud sospechosa que obligó a convocar de urgencia a la Fuerza Aérea, a la Secretaría Nacional Antidrogas y al Ministerio Público.
Al abrir las maletas confiscadas, las autoridades se encontraron con paquetes negros sellados herméticamente que escondían una potente variedad de cannabis modificada genéticamente para elevar su nivel de THC, destinada presuntamente al mercado brasileño. Tras el hallazgo, la fiscal Ingrid Cubilla ordenó la detención del copiloto Jabari Stephan Brown, así como la de los tres pasajeros que figuraban en el vuelo: David Thomas Wise, de 57 años; Marisol Rivas, de 39 años; y Troy Anthony Vasquez, de 42 años, este último identificado formalmente como la persona que financió y alquiló la aeronave. Estos tres últimos fueron ya imputados, no así Jabari por estar colaborando con la investigación y demostrando que no tiene nada que ver con la carga.
El único tablero que dio un giro drástico fue el del piloto, Keith Siilats, un ciudadano nacido en Estonia de 47 años y reconocido empresario tecnológico en los Estados Unidos. Siilats logró eludir a la justicia paraguaya al marcharse del territorio nacional apenas dos horas después del aterrizaje, adelantándose por muy poco al allanamiento y convirtiéndose en el gran prófugo de esta red de contrabando de élite que pretendió burlar los controles en pleno corazón aeronáutico.
Fuente: ABC Digital



