HABLANDO DE TOMAR EN SERIO LA JUSTICIA: EL SENADOR QUE TIENE LA CABEZA EN EL TRÁFICO Y NO EN LAS CAUSAS DEL JEM

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El Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados volvió a ser escenario de un bochorno institucional. Mientras el pleno debatía destituciones clave y graves casos de corrupción judicial, el senador Derlis Maidana prefirió sintonizar la sesión telemática desde la comodidad —y el peligro— de su vehículo en movimiento. Entre el acelerador, el tránsito y un desinterés absoluto, el legislador protagonizó un papelón que expone la devaluada seriedad con la que se analiza la justicia en nuestro país.

La distracción al volante no solo es una temeridad vial, sino una flagrante falta de respeto a su cargo. Ayer, durante el crucial dictamen de sentencia en el caso del fiscal Benjamín Maricevich —donde se solicitaba la remoción del agente fiscal—, a Maidana le tocó votar. Totalmente perdido en la nebulosa del viaje, el senador afirmó con vehemencia que se adhería a la postura del ministro César Garay. El blooper legal se desató de inmediato: tuvo que salir al paso la doctora Alicia Pucheta para aclararle públicamente que ella, y no Garay, era la preopinante del caso. Al legislador, visiblemente desorientado, no le quedó más remedio que corregir su voto sobre la marcha.

Esta conducta no es un descuido aislado, sino una costumbre. En julio del año pasado, la propia doctora Pucheta ya le había dado un severo «tirón de orejas» virtual, recordándole de forma tajante que su presencia y concentración eran fundamentales para el Jurado. Sin embargo, las advertencias de la presidencia parecen importarle muy poco al parlamentario, quien sigue manejando mientras se deciden asuntos de alta sensibilidad nacional.

La agenda de ayer no daba margen para la ligereza. Además del caso Maricevich, el pleno tenía en lista la delicada situación de la jueza de Paz Analía Cibils y la causa de la jueza de Pedro Juan Caballero, Librada Peralta, imputada penalmente por haber fraguado documentos oficiales ante el mismísimo Consejo de la Magistratura. Son expedientes de altísima gravedad institucional que requieren un análisis minucioso de las pruebas, pero que para Maidana se reducen a un simple ruido de fondo mientras transita por las calles.

La ciudadanía observa con profunda vergüenza cómo quienes tienen en sus manos la altísima responsabilidad de limpiar el Poder Judicial operan desde la informalidad de un habitáculo automotor. La pregunta que queda flotando en el aire es inevitable: ¿Cómo puede un legislador juzgar la conducta de jueces y fiscales si ni siquiera es capaz de soltar el volante y prestar atención a la sesión?

Fuente: Observapy

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