Un día como hoy se cumplen trece años del trágico desenlace de Luis Alberto Lindstron Picco, el conocido ganadero y exintendente de la ciudad de Tacuatí, departamento de San Pedro. El viernes 31 de mayo de 2013, a las 08:15 de la mañana, Lindstron fue emboscado y acribillado a los 63 años de edad mientras se desplazaba en su camioneta Toyota Hilux por un camino interno de la estancia Paso Itá, en la colonia Tacuatí Poty. Sus atacantes utilizaron un letal arsenal que incluyó fusiles, escopetas, pistolas y revólveres para terminar con su vida.
El ataque fue perpetrado por miembros del grupo terrorista Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) como un acto de venganza. Según los registros, el ganadero se negaba a seguir pagando el denominado «impuesto revolucionario» exigido por los criminales para dejarlo trabajar en la zona. Esta tragedia marcó el punto final de un calvario que había comenzado años antes, cuando Lindstron fue secuestrado por la misma organización entre julio y septiembre de 2008.
En aquella oportunidad, su familia llegó a desembolsar un rescate de 130.000 dólares para recuperar su libertad. Aunque la Fiscalía Antisecuestro logró recuperar 28.000 dólares del botín durante un allanamiento en Horqueta al año siguiente, el terror civil obligó a Lindstron a devolver ese dinero recuperado al EPP. La banda criminal lo amenazó de muerte directamente a él y a sus tres hijas, lo que forzó la entrega de los fondos a través de intermediarios vinculados a la estructura terrorista.
Desde su liberación en 2008 hasta el día de su muerte en 2013, Luis Lindstron vivió bajo un constante estado de temor e indefensión ante la falta de una protección efectiva por parte del Estado paraguayo. Su asesinato desencadenó en su momento un masivo despliegue policial y militar en la región de Tacuatí, que derivó en la detención de varios dirigentes campesinos por sospechas de colaboración, aunque las investigaciones y procesos penales no lograron desmantelar por completo la amenaza en la zona.



