Las lágrimas que brotan de los ojos de la docente Clementina Ruiz Díaz Ojeda no son solo de tristeza; arrastran el peso de una injusticia que le robó mil noches de libertad. Con una expresión seria y el recuerdo vivo de un calvario que comenzó hace más de una década, Clementina alza la voz para recordar que las palabras falsas pueden transformarse en los barrotes más fríos
La maestra pasó casi tres años tras las rejas debido a una de las peores pesadillas que puede vivir una madre: fue falsamente acusada por la muerte de su propio hijo recién nacido.
El origen de todo este calvario no estuvo sustentado en investigaciones científicas ni en evidencias forenses, sino en una ola de crueles «chismes» y rumores de vecinos en su comunidad de Carapeguá. A partir de estos comentarios de pasillo, las autoridades judiciales actuaron de forma precipitada, imputándola por el homicidio del menor y ordenando su detención inmediata en octubre de 2013.
Sin un análisis profundo ni pruebas reales en su contra, la fiscalía y los jueces se basaron en las meras sospechas del entorno y la enviaron a cumplir prisión preventiva en el Correccional de Mujeres Casa del Buen Pastor. A pesar de que ella clamaba su inocencia y de que sus abogados solicitaron reiteradamente la revisión de sus medidas, las autoridades ignoraron sus pedidos, manteniéndola encerrada en condiciones precarias.
Clementina permaneció recluida hasta el 1 de agosto de 2016, momento en el que finalmente llegó el juicio oral y público. En esa instancia, el tribunal la escuchó de verdad por primera vez, comprobó la absoluta falta de pruebas y dictó su total absolución de reproche y pena, devolviéndole una libertad que nunca le debieron quitar.
Fuente: ABC Digital



