La tirzepatida, un innovador medicamento que actúa sobre las hormonas intestinales GIP y GLP-1 para regular el apetito y controlar la glucosa, se encuentra en el centro del debate médico no solo por su alta eficacia en la pérdida de peso, sino también por sus efectos secundarios en la libido, un aspecto que suele quedar fuera de los principales estudios clínicos. Aunque la ciencia se ha enfocado mayormente en el control metabólico, reportes de pacientes y observaciones clínicas están revelando cómo este fármaco puede transformar radicalmente la respuesta y el deseo sexual, provocando efectos opuestos dependiendo de cada organismo.
Por un lado, existen factores biológicos y físicos que pueden apagar temporalmente el erotismo. Los efectos secundarios gastrointestinales más comunes, tales como las náuseas, la constipación, el reflujo o la constante sensación de llenura, actúan de manera muy eficaz disminuyendo las ganas de buscar intimidad. A esto se le suma la fatiga, especialmente notable al inicio del tratamiento o al aumentar las dosis, y una reducción drástica en la ingesta calórica que obliga al cuerpo a entrar en un modo de ahorro de energía, relegando el deseo sexual por ser sensible al estrés físico.
Asimismo, se ha observado un impacto más sutil en el sistema de recompensa del cerebro; los agonistas de GLP-1 modulan los circuitos ligados a la motivación, lo que reduce impulsos como el picoteo de comida o el consumo de alcohol, pero que en algunas personas también se traduce en una menor búsqueda de placer sexual.
Por otro lado, la balanza también se inclina hacia efectos sumamente positivos para la intimidad de muchos pacientes. La reducción significativa de peso y la mejora en los niveles de glucosa incrementan la energía diaria, optimizan la calidad del sueño, reducen los dolores corporales y mejoran notablemente la movilidad, factores que están directamente conectados con una respuesta sexual satisfactoria. Específicamente en los hombres, la pérdida de grasa y la optimización cardiometabólica favorecen la función eréctil.
Adicionalmente, el tratamiento introduce un desafío psicológico denominado el punto ciego de la identidad corporal, dado que la rápida transformación física puede desorientar a las personas al no reconocerse del todo frente al espejo, lo que impacta de forma directa en las dinámicas de pareja. Los expertos aclaran que sufrir una alteración en el deseo no significa que algo funcione mal, sino que es parte de la adaptación del cuerpo a un profundo cambio metabólico.
Fuente: ABC Digital



