Las jornadas de elecciones internas siempre nos regalan postales memorables, y la jornada electoral de hoy no fue la excepción. La Fiscalía anduvo con el ojo bien afilado y reportó un combo de incidentes, denuncias y detenciones que demuestran que, a la hora de intentar burlar al sistema, la creatividad local roza lo tragicómico.
Entre mesas de votación y apuro por meter el voto, más de uno terminó la jornada rindiendo cuentas ante la justicia por apelar a artimañas dignas de una comedia de espías de bajo presupuesto.
El premio a la audacia del día se lo llevaron aquellos ciudadanos que pretendían ejercer la «democracia por partida doble» o, mejor dicho, en cuerpo ajeno. La Fiscalía reportó la detención de personas que intentaron votar utilizando cédulas de identidad que no les pertenecían. El plan parecía infalible en sus cabezas: presentarse en la mesa, poner cara de póker y esperar que nadie notara que la foto del documento correspondía a otra persona. Sin embargo, los miembros de mesa y los fiscales electorales andaban más atentos que de costumbre, arruinando el intento de usurpación de identidad y mandando a los audaces infractores directo de la fila de votación al patrullero.
Por si los votantes con caras prestadas fueran poco, el ingenio electoral sumó un capítulo de falsificación en la mismísima Escuela Brasil de Asunción. Allí, una comitiva fiscal tuvo que intervenir de urgencia ante la aparición de una persona portando una acreditación más falsa que billete de tres mil guaraníes. Al parecer, las ganas de supervisar o de estar en un lugar privilegiado llevaron a este «agente encubierto» a confeccionar su propio pase libre, sin contar con que los controles cruzarían datos de inmediato.
Por supuesto, no podemos dejar fuera el «momento solidario» más bizarro de la jornada, que rozó el absurdo en Luque. Resulta que una persona con discapacidad motriz llegó en su silla de ruedas para cumplir con su deber cívico, pero el verdadero protagonismo se lo robó su acompañante. El noble asistente, ni corto ni perezoso y en un arranque de «solidaridad extrema», decidió que también debía votar por el afectado, ingresando al cuarto oscuro para marcar la opción que a él le parecía mejor. Al final, las autoridades tuvieron que frenar en seco este exceso de entusiasmo, recordándole de forma poco amistosa que una cosa es empujar la silla y otra muy distinta es empujar el voto ajeno.
Mientras las autoridades instan al resto de la ciudadanía a votar con tranquilidad y respetando las prohibiciones vigentes, el calabozo ya aloja a los primeros «creativos» de una jornada que dejó claro que la ley electoral no entiende de chistes ni de disfraces.
Fuente: ABC Digital



