En la Cancillería paraguaya parece que apretaron el botón de «silencio total» y guardaron bajo llave los micrófonos. A pesar del sacudón diplomático provocado por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el Ministerio de Relaciones Exteriores mantiene una quietud sepulcral que llama la atención de propios y extraños.
Todo comenzó cuando el mandatario vecino, buscando justificar el abultado gasto militar de su país, decidió reescribir un capítulo de la historia y soltó sin anestesia que «un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil», recordando el estallido de la Guerra contra la Triple Alianza como si hubiese sido un exabrupto repentino de fin de semana.
Cualquiera esperaría que desde la diplomacia nacional salieran a la cancha a marcar terreno, aclarar los hechos o por lo menos emitir un comunicado de dos líneas para la foto oficial. Sin embargo, por los pasillos de la Cancillería lo único que se escucha es el suave eco del aire acondicionado. Ni una aclaración histórica, ni una nota formal de reclamo, ni un sutil «che, Lula, la historia no fue tan así». Nada de nada.
La que no dudó en romper el hielo y dejar al desnudo esta inacción fue la abogada Cecilia Pérez, quien cuestionó duramente que el Ministerio de Relaciones Exteriores no haya emitido ni una sola palabra ante semejante relativización de la contienda bélica más sangrienta que sufrió el país. Pérez apuntó directo a la yugular del discurso oficial, recordando que las autoridades suelen inflar el pecho hablándo del «resurgir de un gigante» o pintando lemas patrióticos en el avión presidencial para las fiestas y eventos deportivos, pero cuando de verdad toca plantarse con firmeza en el terreno diplomático, a la Cancillería se le congela el teclado y se le agotan los discursos.
Para la letrada, el patriotismo no se sostiene únicamente en actos solemnes ni en frases bonitas para la tribuna, sino en los momentos donde hace falta defender la soberanía y la memoria de una nación que perdió a la inmensa mayoría de su población en aquel conflicto. Con el Ministerio de Relaciones Exteriores en modo estatua, la abogada dejó flotando una incómoda pregunta que resuena en cada rincón de la Cancillería: ¿el Gobierno va a responder institucionalmente como corresponde o existe algún compromiso no escrito que les atora las palabras en la garganta?
Fuente: UltimaHora



