El Ministerio de Educación y Ciencias se encuentra en el ojo de la tormenta tras salir a la luz graves denuncias sobre presunto «arreo» y coacción a sus funcionarios para favorecer a candidaturas internas. Sin embargo, lejos de anunciar investigaciones rigurosas o sanciones, el ministro Luis Ramírez ha decidido restarle dramatismo a la situación con una llamativa justificación. Al ser consultado sobre las acusaciones que apuntan a su propio jefe de Gabinete como el supuesto coordinador de movilizaciones partidarias obligatorias, el titular de la cartera educativa recurrió al costumbrismo y tildó los reclamos simplemente de parte del «folclore» de la política criolla.
«Quieren mancillar el buen trabajo», defendió tajantemente el secretario de Estado, blindando la gestión de su equipo de confianza y atribuyendo las críticas a un trasfondo puramente electoralista que busca empañar los avances de su administración. La postura del ministro encendió rápidamente las alarmas en el Congreso Nacional y en la opinión pública, donde califican de inaceptable que se intente naturalizar el clientelismo y la presión laboral en pleno 2026. Los denunciantes insisten en que obligar a los trabajadores a asistir a mítines bajo la sombra de la persecución o el traslado excede cualquier tradición cultural. Mientras la ciudadanía exige transparencia, el debate queda abierto sobre si estas prácticas son un simple mito heredado o un abuso institucional que se resiste a desaparecer.
Fuente: ABC Digital





