Un secreto industrial de altísimo valor científico terminó convertido en un simple mensaje de texto. La justicia investiga un presunto caso de espionaje corporativo en el que una fórmula farmacéutica confidencial, que aún se encontraba en plena etapa de desarrollo, fue filtrada de un laboratorio a otro a través de conversaciones de WhatsApp.
El caso, que parece extraído de una novela de intrigas, estalló tras una serie de operativos liderados por la fiscal Viviana Duarte. Las autoridades ejecutaron dos allanamientos simultáneos en las sedes de las empresas competidoras involucradas, donde recolectaron las primeras evidencias que confirman el constante intercambio de mensajes entre el principal sospechoso —un joven empleado del laboratorio afectado— y una funcionaria de la firma rival. La investigación sumó fuerza tras registrarse la vivienda del técnico implicado, lugar de donde los peritos judiciales incautaron una importante cantidad de dispositivos celulares y discos DVD.
«Efectivamente el muchacho le pasaba los mensajes con la fórmula a la funcionaria del otro laboratorio. Ahora vamos a extraer datos y ahí veremos si fue a cambio de algo. Al parecer había una relación de amistad muy estrecha entre ellos», detalló la fiscal Duarte, sugiriendo que el motor de la filtración podría oscilar entre un beneficio económico o la simple cercanía afectiva.
El escándalo cobra un tinte legal sumamente grave debido a que el joven había firmado una estricta cláusula de confidencialidad con su empleador, un documento que le prohibía de forma explícita revelar cualquier tipo de avance científico, y mucho menos un proyecto en fase de experimentación. Mientras los peritos tecnológicos analizan los datos de los equipos decomisados para determinar el verdadero alcance del daño y si existieron pagos de por medio, el misterio de la fórmula compartida deja en evidencia la enorme vulnerabilidad de los secretos más valiosos en la era de la mensajería instantánea.
Fuente: Ñanduti


