Si usted vive en Asunción y siente que cada vez hay menos vecinos y más baches, no es una alucinación suya: los números oficiales confirman que la capital paraguaya se está quedando más sola que de costumbre.
Dicen que no hay amor como el de una madre, pero a nuestra querida «Madre de Ciudades» parece que le agarró un ataque de rebeldía y decidió ponerse en plan de madrastra. Según los últimos datos del Censo Nacional procesados por el Instituto Nacional de Estadística, Asunción se ha coronado oficialmente como la reina indiscutible de la «expulsión» de habitantes en todo el país. No es que la gente le tenga miedo a los fantasmas del centro histórico, sino que, sencillamente, mantener una propiedad en suelo asunceno se ha vuelto un deporte de riesgo para el bolsillo. Solo en el periodo reciente analizado por el censo, la capital perdió la asombrosa cifra de casi 65 personas por cada 1.000 residentes, un éxodo silencioso pero constante que deja a cualquiera rascándose la cabeza.
¿A dónde van todos los que huyen de los precios inmobiliarios de locura y el caótico tráfico metropolitano? Pues a los brazos abiertos de Central, el gran imán del país que recibe a casi la mitad de los migrantes internos paraguayos. Resulta que mudarse a Fernando de la Mora, San Lorenzo o Luque no es solo una cuestión de buscar terrenos más accesibles para plantar el asado del domingo, sino también de pura supervivencia urbana. Mientras Asunción, San Pedro y Ñeembucú lloran la pérdida de sus ciudadanos, el departamento Central se consagra como el «nuevo hogar, dulce hogar» de la mayoría de los compatriotas que deciden empacar sus cosas.
Pero no todo es drama en esta gran mudanza nacional. El estudio del INE arrojó una joya estadística que bien podría servir de consuelo para quienes acaban de contratar un flete: ¡los que migran viven mejor! Así como lo lee. Resulta que las familias lideradas por personas que decidieron mudarse de su departamento de origen registran menos necesidades básicas insatisfechas, casas menos hacinadas y, para colmo, un mayor nivel educativo. Parece ser que el aire fresco de cambiar de horizontes viene con el beneficio extra de un año más de estudio en promedio en comparación con aquellos que se resisten a abandonar el nido que los vio nacer.
Casi el 30% de la fuerza laboral activa del país está compuesta por migrantes. Esto significa que la economía nacional se mueve, literalmente, gracias a aquellos que un buen día decidieron meter su vida en una valija y buscar mejor suerte en la gran urbe, donde hoy reside el 80% de esta población viajera. Al final del día, las estadísticas nos dejan una radiografía clara y un tanto irónica de nuestro mapa actual.
Mientras el país se reconfigura y las ciudades receptoras se ven obligadas a estirar sus servicios como chicle para albergar a tanta gente nueva, Asunción se queda mirando el horizonte con nostalgia, baches y un gran signo de interrogación. Tal vez sea hora de que las autoridades capitalinas dejen de cobrar tasas e impuestos de primer mundo a cambio de servicios del tercero, a ver si así logran convencer a sus ciudadanos de que quedarse en casa sigue siendo un buen negocio.
Fuente: ABC Digital



