PARAGUAY Y EL ESTIGMA DEL CORTOPLACISMO: LA ADVERTENCIA DE GUSTAVO ALFARO A DÍAS DEL MUNDIAL

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A escasos días de iniciar la Copa del Mundo 2026, la selección de Paraguay camina bajo la sombra de la incertidumbre respecto a la continuidad de su director técnico, Gustavo Alfaro. Más allá de la planificación logística y la expectativa de la alta competencia, el debate actual se centra en una profunda debilidad estructural del fútbol y la cultura deportiva paraguaya: la alarmante falta de visión a largo plazo y la resistencia a sostener procesos que no ofrezcan gratificación instantánea.

El propio entrenador argentino, quien asumió el mando de la Albirroja en agosto de 2024 tras un turbulento periodo de inestabilidad técnica en el que el seleccionado desfiló por tres estrategas distintos para clasificar, ha puesto el dedo en la llaga. Alfaro ha cuestionado abiertamente si el entorno del país está realmente preparado para tolerar y respaldar un proyecto formal. Para el seleccionador, el cortoplacismo imperante se erige como una barrera destructiva que supedita la permanencia de un cuerpo técnico exclusivamente a la inmediatez de los marcadores cotidianos, ignorando que el verdadero crecimiento requiere de tiempo, paciencia y la asimilación de tropiezos inevitables en el camino.

La confección de la lista de convocados para la inminente cita mundialista es un reflejo de este choque conceptual. Mientras la opinión pública exige resultados urgentes en el torneo, Alfaro aclaró que su nómina ha sido estructurada mirando el horizonte, con la firme intención de consolidar una transición generacional y sentar las bases del equipo para la próxima década. Este criterio estratégico choca frontalmente con la mentalidad arraigada local, evidenciada en los cuestionamientos mediáticos sobre si el DT debería ser sostenido en su cargo ante un eventual paso en falso en la cita internacional. Dicha especulación desnuda un patrón de pensamiento que el estratega califica como el principal obstáculo para que Paraguay logre alcanzar verdaderas y grandes conquistas.

El futuro de Alfaro al frente del combinado nacional después del Mundial sigue siendo un misterio absoluto, una incógnita motivada por el temor a la intolerancia histórica de un entorno que tradicionalmente destruye los proyectos ante la primera crisis. El estratega concluyó con una profunda reflexión sobre la necesidad de definir hacia dónde quiere proyectarse el balompié paraguayo en los próximos diez años, asumiendo que romper con este estigma del cortoplacismo es el único escalón que verdaderamente le permitirá al país transformar su estructura deportiva de cara al futuro.

Fuente: ABC Digital

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