La apacible jornada en Presidente Franco se transformó de golpe y porrazo en el escenario digno de una película de acción de bajo presupuesto, pero con altísimas dosis de drama matrimonial.
Una doña, movida por el infalible GPS del instinto y un volcán de celos, no dudó en calzar el acelerador a fondo para iniciar una feroz cacería sobre ruedas tras los pasos de su peor mitad y la «copiloto» de turno que lo acompañaba. Lo que debió ser una discreta fiscalización conyugal se convirtió rápidamente en un ruidoso rally urbano que arrastró a los protagonistas directo hasta las puertas de la mismísima Comisaría 6.ª, buscando quizás un árbitro definitivo para el campeonato del desamor.
A medida que los motores rugían y los neumáticos chillaban por el asfalto, la tensión dentro del habitáculo de los perseguidos alcanzó su punto de ebullición. En un desesperado intento por desalentar a la implacable perseguidora, a la audaz acompañante no se le ocurrió mejor idea que abrir la ventanilla y lanzar un proyectil improvisado. El objeto misterioso voló por los aires con tal puntería que terminó destrozando por completo el parabrisas trasero de la camioneta de la denunciante. Lejos de frenar el ímpetu de la esposa ofendida, la lluvia de cristales rotos solo sirvió para sumarle más combustible a una furia que ya venía con el tanque lleno.
El escandaloso desenlace encontró su bandera a cuadros frente a la sede policial, obligando a los uniformados y al Ministerio Público a dejar el mate de lado para intervenir de urgencia en el asfalto. Al percatarse de que el ambiente no estaba para conciliar el sueño y mucho menos el matrimonio, las autoridades decidieron cortar por lo sano: se ordenó la prueba del alcotest para medir si el coraje venía con graduación alcohólica, se confiscaron los vehículos involucrados para el parque cerrado de la fiscalía y, como broche de oro de esta jornada de amor y frenos quemados, se dispuso la inmediata aprehensión del atribulado Sergio Luis López, quien pasó de ser el conductor codiciado a dormir solo, bajo custodia y con el corazón en llanta.
Fuente: Raulbogarin




