Hay historias que superan a la ficción, y luego están los manuales de «procedimiento» de algunos agentes de la Policía Nacional. El escenario de este nuevo e insólito dolor de cabeza institucional fue la Comisaría 8ª de la ciudad de San Estanislao, más conocida como Santaní, en el departamento de San Pedro.
Allí, lo que debía ser un trámite de rutina para recuperar un vehículo robado terminó convirtiéndose en una escena digna de una comedia de enredos, pero con uniformados reales y un descaro digno de un premio internacional.
Todo comenzó el pasado 8 de marzo en la ciudad brasileña de Guaíra, justo frente a Saltos del Guairá. En un descuido, un flamante Volkswagen Tera, color rojo, año 2025 y con chapa TBY7F38, propiedad de la empresa de alquiler Movida Participações SA, «cambió de dueño» sin consentimiento. Los delincuentes, precavidos ellos, se encargaron de arrancarle el sistema de GPS principal para borrar cualquier rastro. Lo que nunca se imaginaron es que el automóvil contaba con un rastreador alternativo que, aunque funcionaba de forma intermitente, decidió despertar justo en el peor —o mejor— momento posible.
El dispositivo cobró vida y arrojó una ubicación que parecía un chiste de mal gusto: el coche estaba estacionado, plácidamente, en el predio de la mismísima Comisaría 8ª de Santaní.
Armado de paciencia y con la tecnología a su favor, el abogado Jonathan Gómez Nicolino, representante de la firma brasileña, se trasladó hasta el lugar para hacer valer la ley. Al llegar, se frotó los ojos para confirmar que no estaba alucinando: el auto rojo estaba allí, estacionado al lado de una patrullera oficial.
Gómez Nicolino comenzó a dialogar con el policía que en ese momento custodiaba o usaba el rodado, identificado como el suboficial ayudante Denis René Olmedo Cubilla, un joven de 24 años recién egresado en la promoción 2024. Mientras el abogado intentaba explicarle la procedencia ilegal del automóvil a este oficial vestido de civil, ocurrió el giro cinematográfico de la jornada. Ante la mirada atónita del profesional, una pareja compuesta por un hombre y una mujer, presuntamente camaradas de la misma oficina de Investigaciones, se subieron al Volkswagen de manera imprevista, encendieron el motor y aceleraron a fondo, dándose a la fuga con el botín ante las propias cámaras de seguridad del denunciante.
Para rematar el acto de magia, cuando los superiores le preguntaron al joven suboficial Olmedo sobre el paradero del vehículo que hace instantes tenía bajo su cuidado, este simplemente aplicó el clásico libreto de «yo no sé nada» y se desentendió por completo del asunto. Al día de hoy, el auto robado en Brasil ha logrado la hazaña de desaparecer por segunda vez, pero ahora bajo el presunto auspicio policial.
La Comandancia de la Policia Nacional, que explícitamente tiene prohibido el uso de autos ilegales o «mau» por parte de sus efectivos, tuvo que derivar el bochornoso caso a la Dirección General de Asuntos Internos. Ahora, un equipo especial intentará identificar a los dos «rpidos y furiosos» uniformados que huyeron con el coche. Lamentablemente, este no es un hecho aislado. El año pasado, en Ciudad del Este, ocurrió una copia exacta de este libreto cuando unos policías huyeron en una camioneta Jeep robada justo cuando sus dueños iban a recuperarla. Al parecer, en ciertas comisarías, el lema de «proteger y servir» se ha transformado en «encontrar y esconder».
Fuente: ABC Digital





