Hay jugadas que en el fútbol merecen tarjeta roja directa, y luego están las jugadas judiciales que se extienden más que un partido con treinta minutos de adición. El Club Guaraní, uno de los históricos del balompié paraguayo, se encuentra jugando un durísimo partido fuera de las canchas contra la empresa YEM S.A., una firma comercial estrechamente vinculada al diputado cartista Yamil Esgaib.
El motivo de la disputa no es un pase millonario ni la copa de un torneo, sino algo bastante más terrenal: recuperar el predio de su propiedad donde actualmente opera el ruidoso «Bingo Guaraní», un negocio que parece haber cantado «¡cartón lleno!» a costa del bolsillo del club de Dos Bocas.
La historia, que bien podría musicalizarse con la famosa cortina de los dibujos animados, tiene a los hinchas aborígenes furiosos y con las gargantas secas de tanto gritar. De hecho, la propia hinchada ya ha dejado claro su sentir en las gradas y las calles portando pancartas con una dedicatoria tan explícita como pintoresca: «Pagá lo que debés, Gargamel», en alusión al célebre y tacaño villano de los Pitufos que compartía cierto parecido —o al menos la misma simpatía popular— con el polémico legislador. Los fanáticos reclaman que la empresa lleva años usufructuando el codiciado inmueble sin abonar un solo guaraní en concepto de alquiler, convirtiendo al aborigen en un involuntario y generoso mecenas de la timba.
Lo insólito de este culebrón no es la falta de pago —un clásico de nuestra fauna comercial—, sino el inexplicable «freno de mano» que sufre el proceso en los pasillos de la Justicia. La Comisión Directiva de Guaraní ya ganó la pulseada en primera instancia y, por si fuera poco, un Tribunal de Apelación volvió a darles la razón de punta a punta, confirmando que el desalojo corresponde de manera inmediata.
Sin embargo, cuando los oficiales de justicia ya estaban lustrando las botas para proceder a la restitución, la firma demandada sacó de la galera una serie de recursos que en el ambiente judicial se conocen técnicamente como «chicanas» y en el barrio como «ganar tiempo a lo loco». Ahora, el expediente duerme el sueño de los justos en la Corte Suprema de Justicia, esperando que los ministros decidan si se respeta la propiedad privada o si el bingo sigue girando gratis.
Mientras la pelota jurídica sigue rebotando en el campo de la máxima instancia judicial, el Club Guarani emitió un enérgico comunicado para recordarle a la ciudadanía que la ley debería ser pareja para todos, incluso para aquellos que ostentan un pin de legislador en el saco. La institución remarcó que considera inadmisible que el predio continúe explotado comercialmente bajo este esquema de impunidad, señalando que la investidura de un Diputado Nacional le exige ser el primero en dar el ejemplo, acatar los fallos y respetar la propiedad ajena.
Confiados en que la Corte no se dejará engatusar por más vueltas de tómbola, los dirigentes aseguraron que se mantendrán firmes. Por ahora, el partido sigue en suspenso: Guaraní busca el pitazo final para recuperar su casa, mientras que del otro lado de la mesa, la firma del diputado parece apostar todo a que el tiempo pase y la bolilla de la justicia nunca llegue a salir.
Fuente: ABC Digital




