El sueño de la estabilidad financiera se puede transformar en una pesadilla digital en cuestión de segundos. En Paraguay, la alerta roja se encendió tras revelarse casos de fraude que están dejando a los usuarios no solo con las cuentas en cero, sino con deudas que nunca buscaron. La técnica es precisa, agresiva y se esconde detrás de una simple llamada telefónica.
Uno de los testimonios más impactantes es el de la artista Bianca Fernández, quien denunció el robo de 50 millones de guaraníes de su cuenta personal de Itaú. Tras recibir varias llamadas de un número desconocido, un supuesto funcionario bancario logró vulnerar su seguridad.
Al revisar su saldo, el golpe fue doble: sus ahorros habían desaparecido y, en su lugar, figuraba un préstamo de 15 millones de guaraníes solicitado sin su autorización. Hoy, Bianca enfrenta una espera de 15 días por una respuesta oficial, mientras lamenta la pérdida de años de esfuerzo creativo.
La ingeniería social no se detiene ahí. Majo Coronel vivió una situación similar bajo la modalidad conocida como «vishing». Todo empezó tras rechazar un crédito en un cajero; poco después, falsos agentes del call center la contactaron para «ayudarla» a revertir un supuesto error de acreditación. Bajo presión, los delincuentes accedieron a su banca web y transfirieron 38.100.000 guaraníes a cuentas de terceros.
Afortunadamente, tras la presión en redes sociales, la entidad bancaria canceló la deuda, pero el susto y la investigación siguen vigentes.
Para no ser la próxima víctima, la regla de oro es una: los bancos nunca te pedirán contraseñas, PIN o códigos por teléfono. Si la llamada suena urgente o sospechosa, cortá de inmediato. Revisar tus movimientos diariamente es hoy la mejor herramienta de defensa en un entorno donde el peligro acecha detrás de cada «clic» o notificación. La seguridad de tu bolsillo depende de tu desconfianza ante lo inusual.
Fuente: Radio 1000 AM


