En la tranquilidad de un barrio de Guairá, lo último que esperaba encontrar una vecina al revisar los movimientos en su patio era la silueta de un intruso con objetivos tan específicos como insólitos. No buscaba joyas, ni dinero, ni electrodomésticos de última generación; el botín del desconocido era mucho más íntimo y, para las víctimas, profundamente perturbador.
Bajo la luz del día y con la agilidad de quien ha practicado el movimiento antes, el hombre se filtró en la propiedad privada con un objetivo fijo: el tendedero. Sin titubeos y con una frialdad que quedó registrada en las cámaras de seguridad, estiró la mano para apoderarse de una prenda íntima femenina. Antes de que alguien pudiera reaccionar o dar el grito de alerta, el «roba tangas» ya se había esfumado, perdiéndose entre las calles del vecindario con su particular trofeo.
La víctima, al percatarse del faltante y ver las imágenes de «gentileza» que ahora circulan de mano en mano, no pudo ocultar su asombro y una creciente sensación de inseguridad. Lo que para algunos podría parecer una anécdota bizarra, para las mujeres de la zona se ha convertido en una pesadilla que mezcla el acoso con el absurdo.
El miedo no es por el valor material de lo perdido, sino por la obsesión de un hombre que camina entre las sombras acechando la privacidad de los hogares guaireños. Ahora, mientras el video se vuelve viral, el vecindario observa sus patios con recelo, preguntándose quién será el próximo objetivo de este delincuente que prefiere el encaje al oro.
Fuente: Delpy news


